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AntecedentesLa distribución del reino de Navarra impuesta por Sancho III el Mayor entre sus hijos, más que perpetuar la unión entre ellos, y a la postre la del propio reino, fue causa de continuos altercados. Al primogénito García le fue entregado el reino de Navarra. El entonces Condado de Castilla pasa al segundogénito Fernando. A Ramiro, Aragón. Y a Gonzalo, Sobarbe y Ribagorza. En 1037 Vermudo III emprende una guerra contra su cuñado Fernando (casado éste en 1032 con Sancha, hermana de aquél) resultando derrotado y muerto en la batalla que pasó a la historia como la de Tamaron. La muerte del leones sin descendencia, convierte por matrimonio a Fernando I en rey de León, aunque no entró en en aquella ciudad hasta el mes de junio del año 1038. En la batalla de Tamarón Fernando contó con la ayuda del rey navarro bajo la promesa de entregarle unos territorios castellanos que, desde Oca llegaban hasta las puertas de Burgos; desde Briviesca hasta el valle de Urbel; desde Castrobarto hasta Bricia, al sur de Reinosa, y desde el Nervión hasta Santander integrando al viejo reino astur en el reino navarro. VersionesSegún el Monje de Silos, a propósito de escribir sobre la vida de Alfonso IV, hijo de Fernando I, más de medio sigo después de que se desarrollaran los hechos: la envidia devoraba el corazón de García, y movido por ella no dudó en atentar contra la vida de Fernando aprovechando una visita que hiciera éste a Nájera con motivo de una enfermedad de García que le tuvo cerca de la muerte. Al poco, para hacer olvidad su atentado, o para sincerarse de él, García fue a visitar en su corte a Fernando, "más para disimular su frustrado crimen, que para consolar a su hermano". Lleno de ira al verle, Fernando hizo que le cargasen de cadenas, y mandó que le encerrasen en una torre de Cea. El navarro logró escaparse y deseando vengar la injuria, declaró la guerra a su hermano.
La historia nos presenta la personalidad del monarca navarro como visceral y poco reflexiva. Éste plantea la disputa de la causa mediante una guerra. Fernando I de Castilla, al parecer más sensato, intentó varias veces solucionar el problema mandando embajadores, procurando acuerdos, para evitar el litigio, pero el navarro los rechazo a todos y la guerra no se pudo evitar. El 1 de septiembre del año 1054 las huestes castellanas y leonesas se encuentran en Atapuerca, a tres leguas al oeste de Burgos. Fue Fernando quien atravesó, aunque poco, los límites de su reino para salir al encuentro de su hermano. Según el Silense, García tenía en su ejército fuerzas auxiliares moras, y tal vez le ayudara su hermano Ramiro. En los Anales Compostelanos podemos leer: "En la era hispana de MLXXXXII (que, sin que nadie explique porqué, cuenta con 38 años más que la era cristiana), el primer día de septiempbre fue matado el rey García, luchando con su hermano el rey Fernando en Atapuerca, por un caballero suyo, llamado Sancho Fortún, a quien había injuriado con su mujer". El "amo" del rey, Fortún Sánchez, no quiso sobrevivir a aquella desgracia, y buscó la muerte arrojándose entre las mesnadas enemigas. También debió terminar allí la vida del viejo servidor del rey, Sancho Fortún Ochóiz, señor de Cantabria. El mismo asesino, que se puede identificar con Sancho Fortún señor de Funes hasta poco tiempo antes, debió perder la vida tras su asesinato. La Najerense, sin embargo, nos habla de unos parientes fideles del rey Vermudo, que, empujados por la reina Sancha, se lanzaron furiosamente hacia el rey García, acción contraria a la intención manifestada por Fernando de capturar vivo a su hermano. Tal vez, aterrado el castellano por el inesperado desenlace, renunció a perseguir a los navarros. Tal vez éstos, lejos de perder la serenidad, supieron defenderse hasta que el comienzo de la noche separara a los combatientes; el hecho es que tuvieron ánimo, no sólo para recoger a su rey y llevarle a enterrar en Nájera, sino también para aclamar en el mismo campo de batalla a su hijo y sucesor Sancho, el que llevará en la Historia el nombre triste de Sancho de Peñalén y que entonces debía de ser un adolescente de quince años. Otra versión:
Un detalle En algunas fuentes se habla de la presencia del Cid Campeador en la batalla, pero este dato no se sostiene puesto que éste al parecer, nació en el año 1048 (aunque otros sugieren el año 1043), y no parece lógico que una criatura, que, como mucho tuviera 11 años de edad, y siendo como era de buena familia, fuese reclutado para la lucha. Sin embargo, podemos asegurar que el padre del Cid Diego Laínez fuera un general que con sus huestes formara parte del ejército de Fernando I. Documentado está que Diego Laínez consolidara la recuperación, sobre todo de la Bureba, para Castilla, en los meses siguientes a la batalla de Atapuerca.
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