Agustin J. Rodríguez

 

Traducción Julio Rabanal

1ª parte 2ª parte

 

Todo el conjunto

Si eres como yo, te encontrarás volviendo repetidamente atrás y adelante en el buen acabado del desgaste. Esto es normal y normalmente esperado. Por lo general siempre vuelvo a retocar la superficie, comparando y oponiendo cada nueva parte acabada de la figura, antes de montar la pieza en su base de exposición. Y si es una figura completa, entonces el proceso de desgaste y suciedad continuará hasta integrar la figura con el terreno o en su montura. Sin embargo, este último proceso representará más una superficie "sucia" que cualquier cambio en la composición del metal, y sería el mismo desgaste que para cualquier figura: con lógica y con sus limitaciones.

Una excepción es la sangre: Mientras que la sangre fresca puede ser tratada de una manera bastante sencilla, aunque teniendo siempre en cuenta que es bastante translúcida, y que noy hay nada en una armadura que empape la sangre, su colocación sólo se atendrá a la gravedad; la sangre seca es otra historia. La sangre seca casi siempre aparecerá de un tono marron rojizo muy oscuro, tirando más o menos a negro, así pues, hay que escoger los colores cuidadosamente. Así mismo, la sangre, con el tiempo, deja mancha sobre la superficie del metal: Así pues, el metal profusamente manchado de sangre, tendrá en su superficie picaduras e imperfecciones que se podrán incorporar a la figura. 

Hay que tener en cuenta una consideración final con respecto a la armadura en sí misma por su propia naturaleza. Ya hemos visto un ejemplo de esto en las zonas bruñidas a causa del contacto entre las diversas piezas metálicas de la armadura (planchas de articulaciones, etc.). Otro ejemplo sería el paso de la visera a lo largo de su eje de pivote. Sin tener en cuenta el estado en el que esté el casco, inevitablemente el visor golpeará al torcerse por lo que entrará en contacto con la cazoleta del casco, dejando un arco de metal brillante. Lo más importante, si además nuestar figura muestra un arma blanca, es calibrar el brillo relativo y aspecto del metal frente al de la hoja del arma y/o su filo, que siempre será más brillante, ya que es la "finalidad" última – con el contenido más alto de acero – lo que recibe mayores y más cuidadosas atenciones.

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Algunas notas finales

Hemos visto como las armaduras forjadas de planchas de metal poseen cualidades únicas que determinarán su apariencia, dependiendo de su edad, cantidad de exposición a los agentes medioambientales, etc. Pinchar para agandar Pero para crear un "producto" definitivamente convincente, hay innumerables aspectos que se pueden sacar a relucir. Las correas son uno de los más importantes al ser una de las piezas más sencillas y comunes que se reemplazan: con cuidado se pueden introducir nuevas, especialmente de cuero sin teñir, que entre las viejas, de cuero desgastado o cubiertas de material, denotarán inmediatamente un arnés "veterano". No olvidar dedicarle la atención necesaria a los remaches: Los de acero envejecerán con la armadura, a menos que hayan sido reemplazados; los remaches de latón o cobre, con el tiempo, se volverán de un color verde negruzco; pero estarán resplandecientes y brillantes cuando se utilicen en correas repuestas. Como ya se mencionaba más arriba, no vacilar en mezclar y combinar distintos arneses: Los cascos, obviamente, se reemplazarían de forma no muy regular; pero los guantes, laminillas individuales, etc. probablemente eran seguras candidatas a ser reemplazadas y/o reparadas en el mismo campo de batalla.

Espero que todo lo anterior haya sido interesante y que será útil ayuda para representar guerreros en combate. Recordad, no hay una línea guía específica de lo que ha de hacerse, salvo seguir el sentido común, un poco de imaginación y cierta cantidad de atrevimiento para probar algo nuevo. Siempre hay que tener presente que, excepto en los casos de torneo, parada militar u ocasiones formales, la armadura es un uniforme de campaña y lo más probable es que su brillo deslumbrante durase el tiempo de subir el guerrero sobre su caballo. 


 

 © AJR

 

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