El Personaje
La figura del capitán en los tercios españoles de los siglos XVI y XVII tiene especial relevancia. Se le consideraba el padre de la compañía y era un cargo al que muchos aspiraban en su carrera militar por el prestigio y reconocimiento que aportaba. Se prefería a hombres con una sólida experiencia antes que a recomendados. En muchos casos se llegaba al puesto gracias a los méritos obtenidos en el campo de batalla. Hombres valientes y decididos, con dotes de mando, lo cual quedaba demostrado en el alto número de bajas que se registraban entre los capitanes del tercio durante los combates.
Diseño
No quise que la figura presentara una pose completamente estática, por lo que da la impresión que avanza y que incluso va a hablar. Es importante que una figura transmita una sensación de vida y movimiento, pero hay que intentar que el escorzo elegido no sea forzado o antinatural. Este aspecto es, sin duda, uno de los más complicados de materializar. A priori, y como paso previo al desarrollo del modelo, me marqué el objetivo de volcar toda mi atención en la elaboración de la cabeza y las manos. A mi juicio son las dos partes que transmiten más vida en cualquier escultura. Y también muy difíciles de modelar. Antes de seguir pensé detenidamente en la equipación y aspecto que quería dar a la figura. Soy consciente de que en este caso no he sido ningún innovador, ya hay figuras comerciales en el mercado con apariencia similar. Me interesaba más el personaje y el momento que vive que la forma en que iría vestido, pero tampoco era cuestión de obviar este asunto. Lo más característico es la coraza, el coleto y la banda roja de oficial que cruza su pecho.
ModeladoToda la figura fue modelada con masilla bicomponente, Milliput y Duro en algunas ocasiones, salvo la espada y su funda que son varillas de plasticard. La escala es 65mm, tamaño que me agrada mucho y que se adapta bien a mi forma de modelar, ya que permite un mayor detalle que el 54mm sin que la figura pierda la cualidad de miniatura. A la hora de pintar también esta escala es más agradecida. El canon de proporciones elegido es de ocho cabezas. Acepto que este patrón corresponde a un sujeto con unas medidas un tanto idealizadas, aunque para nada irreales. La figura gana en altura y pierde algo de veracidad histórica si pensamos que los españoles del siglo XVII eran más bien bajitos. Pero bueno, algunos altos si que habría, ¿no?. Pintura
Siempre tuve en mente que los colores elegidos debían ser sobrios, ni muy luminosos ni demasiado oscuros. Según la documentación consultada los soldados de los tercios españoles gustaban de vestir de forma sobria pero elegante. La falta de una norma a veces daba pie a algunas extravagancias, pero lo más habitual era que se respetara el espíritu de la milicia. He combinado pinturas de Vallejo y de Andrea en algunas ocasiones con el fin de conseguir para determinadas partes un resultado mate, concretamente en las telas. Para la coraza emplee las lacas de Gunze Sangyo. No las había utilizado nunca y el resultado no me ha defraudado, teniendo en cuenta que los metalizados no son precisamente mi fuerte. Dentro de la sencillez general me resultó sumamente atractivo el que en una misma figura pudiera desplegar un amplio abanico de posibilidades pictóricas: carnes, cueros (coleto y botas), telas (camisa, pantalón y sombrero) y metalizados (coraza y espada). Todo ello hacen que la pieza sea más vistosa.
© Rafael Cebrián,
Octubre 2002 |
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