Pegaso Models
54 mm

 

Hace poco tiempo le pedi a mi compañero y amigo de la ACMH Alabarda, Luis Tramón, que me pintase una figura para mi colección particular, a cambio él me pidió que le pintase también una para la suya y eligió dos figuras para que yo decidiese cual quería hacer. Una de estas figuras era el Aquilifer de Pegaso, objeto de este articulo.

De cómo vencer a los propios miedos.

La decisión final de elegir esta figura estuvo determinada por dos motivos, uno de ellos es mi gran afición a todo lo relacionado con Roma y el segundo, y en este caso más importante, es que fue una de las primeras figuras que yo compré cuando empece en el mundillo figurero y también fue de las primeras que fui incapaz de terminar, por lo que el ponerme otra vez delante de esta magnífica figura me llenaba de ilusión pero también del temor de no conseguir el objetivo deseado.

En esta ocasión la cosa empezó mejor, ya que con la experiencia conseguida en los últimos cuatro años, el planteamiento inicial tanto de montaje como de pintura lo tenía bastante más claro que antaño, así que comencé limpiando bien las escasas rebabas y puliendo bien las distintas partes de la figura para pasar a montar el brazo derecho (el que sostiene el aquila). Aquí me encontré prácticamente con el único problema serio que tuve durante todo el proceso de montaje/pintura, ya que no encontraba la posición exacta en la que debía ir el brazo, después de muchas vueltas y algún que otro cabreo, conseguí montarlo correctamente dejando lista la figura para la imprimación. El resto de piezas, parte baja de la piel del oso, el brazo izquierdo y el escudo, los dejé para montarlo con posterioridad ya que podían ofrecer problemas de accesibilidad a algunas zonas durante el proceso de pintura.

Comencé el proceso de pintura por la cota de escamas “lorica scamata”, para la cual utilicé plata de Mr. Metal de Gunze Sangyo. Una vez que estuvo bien seca, dí dos capas muy finas de Smoke clear de Tamiya que dejé secar convenientemente y despues sometí algunas escamas a un ligero lavado con Azul transparente de Tamiya muy diluido intentando que todas las que recibían este lavado fueran de las zonas más altas de la loriga, mientras que para las zonas más bajas, es decir, las más cercanas al cinturón, las trabajé con sombra tostada de Vallejo.

Con esto di por finalizado el trabajo de la loriga olvidándome de útilizar oleos, que para zonas tan pequeñas a mi juicio no merecen la pena por lo engorrosos que me resultan.

Para el casco y el cinturón utilicé el mismo sistema pero sin aplicar lavados de azul transparente. Por el contrario aquí utilicé negro brillante de Vallejo que tiene la ventaja de matar el brillo exagerado del smoke clear pero deja una pátina satinada que resulta más real.

A continuación pasé a pintar la túnica. Después de ver muchas fotos de la figura pintadas por otros modelistas y de revisar libros sobre la materia, me decidí a pintarla en azul. En mi opinión los tonos azules de Vallejo son algo “peligrosos” por los brillos que a veces aparecen por lo que me decidí a probar por primera vez los colores de Andrea, y hay que decir en su favor que realmente son muy mates.

Para la base utilice azul básico (AC), con un poco de rojo napoleónico (AC) y una pizca de negro mate (AC). Para las luces quería conseguir un tono agrisado intentando apastelar un poco el color final, para lo cual usé marron caqui (V) que le da el tono grisaceo y apagado y para las luces más puntuales añadí un poco de azul unión (AC). Las sombras las obtuve añadiendo más negro (AC) a la base.

El siguiente paso, fueron las pteruges y las tiras de cuero remachadas que protegian las partes más nobles de nuestro aquilifero. A veces nos volvemos locos intentando colores imposibles a base de mezclar infinidad de colores y nos olvidamos que también de mezclas sencillas e incluso de colores directamente del bote podemos obtener muy buenos resultados. Este es el caso de los cueros de esta figura, para la base utilicé marrón chocolate (V) con una pequeña cantidad de negro brillante (V), las luces las obtuve añadiendo naranja claro (V) hasta llegar a dar veladuras solamente con este color. Para las primeras sombras utilizo normalmente un poco de violeta (V) que oscurece el marrón hacia un tono un poco burdeos y facilita mucho la integración de todos los tonos, tanto color base, como luces y sombras. Después de la primera sombra voy añadiendo negro brillante en pequeñas cantidades hasta llegar al negro puro en las zonas más cercanas a los flecos y la unión entre las distintas tiras de las pteruges.

Para los flecos utilicé una base a partir de ocre marrón (V) y amarillo verde (V), las luces con amarillo hielo (V) y las sombras con sombra tostada (V) y negro (V). Posteriormente realicé un lavado con pigmento metálico oro de Adithes.

Para el mástil del aquila utilicé marron mate(V) que fui subiendo con arena marrón (V) y con marrón dorado (V) para el veteado, para las sombras fui añadiendo negro (V).

El aquila y su base las pinté con una base de oro de Mr. Metal. Una vez seco, apliqué las dos capas de rigor de Smoke clear, en este caso con el fin de proteger la base para la posterior utilización de óleo sombra tostada que utilicé en dos capas también finas.

Hasta aquí el proceso es más o menos el habitual en los metales, lo que hice a continuación fue probar a oscurecer y matar lo máximo posible el color y el brillo del metal para darle un aspecto de mucho uso en las zonas más cercanas al mástil, para lo cual apliqué veladuras de sombra tostada (V) y sombra tostada + negro (V).

La piel de oso es una de las partes más llamativas de la figura por lo que quizá exige mayor dedicación que otras partes de la figura. Quería conseguir un tono de marrón que tendiese a rojizo, como pequeño homenaje a nuestros osos ibéricos, para lo cual utilicé una base de marrón caoba (V) y un poco de sombra tostada (V) a partes iguales y un poco de de negro (AC). Las luces las di añadiendo más marrón caoba a la base y cuero rojo para las finales, sobre todo en la zona de la cabeza. El hocico lo pinté con una base de marrón amarillo (V) y un poco de la base de la piel y lo iluminé con más marrón amarillo y arena clara (V), para las sombras un poco de marrón mate (V) muy diluido en las zona de unión del pelo con el hocico.

Las sandalias “caligae” varié la mezcla del cuero, utilizando como base el mismo marrón chocolate (V), pero usando cuero rojo para las subidas y negro (V) para las sombras.

La especie de calcetines que cubren los pies los pinté con una base de marrón cubierta (V) + uniforme inglés (V) y uniforme ruso (V), una mezcla muy sufrida para los blancos sucios (gracias Luis G. Platón), que fui subiendo con un poco de gris plateado (V) y hueso (V). Las sombras las conseguí mezclando la base con gris verdoso (V) y un poco de negro (AC), estas sombras me sirvieron también para perfilar las tiras de las sandalias ahorrándome un poco de trabajo.

Para finalizar la figura y a falta del escudo pinté las carnes de nuestro romano con una base de arena marrón (V). Para las luces he empezado a utilizar un color que me recomendó Román Navarro en Gerona, el rojo beige. Es un tono parecido al carne dorada pero no blanquea tanto el tono final de la piel, sino que le confiere un tono rosáceo y muy vivo, ha sido la primera vez que lo he utilizado y la verdad es que he quedado bastante contento con el resultado, así que si no lo habeis probado os animo a hacerlo y comprobar el resultado final. Para las luces finales añadí un poco de carne clara pero muy controlado con el fin de no estropear todo el trabajo anterior. Las sombras las obtuve con tierra mate (V).

Una vez que tenía las luces y sombras situadas, comencé a aplicar las veladuras que le debían dar vida a las carnes de nuestro orgulloso “porta aquila”. Los colores que utilicé fueron rojo amaranth (V), rojo violeta (V), y blood red (Citadel).

Para darle un poco más de fuerza a la cara que quizá está demasiado escondida dentro del casco, apliqué una veladura en la zona de la barba que conseguí con un poco de arena marrón (V) y azul napoleónico (AC). Esta misma mezcla la utilicé en las zonas de las piernas más cercanas a los calcetines con el fin de empolvar y ensuciar esta zona tan cercana al suelo.

Bueno solo me quedaba el escudo... solo es mucho decir por que me costó un triunfo acabarlo. Tanto para la base como las luces y sombras y las partes metalicas utilicé los mismos colores que he descrito anteriormente, pero me empeñé en hacerle un dibujo al escudo y en qué momento... tuve que pintarlo y decaparlo al menos tres veces antes de darme cuenta de que mis manitas no están hechas para dibujar, en fin que le vamos a hacer.

Esto es todo, la verdad es que ha sido una gozada pintarla, me he enfrentado a algunos de mis “miedos modelisticos” y creo que los he superado, ahora solo falta que a su nuevo dueño le guste y la disfrute en su vitrina tanto como yo lo he hecho pintándola.

Hasta pronto !!!!!!


© David Hernanz Caldevilla. Diciembre 2004