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En el presente artículo me proppongo hacer una descripción del proceso de pintura de una figura que estará en breve en el catálogo de la firma comercial madrileña Corso Models; se trata de Sir John Hawkwood (o Giovanni Accuto). El porqué de este título, viene dado por las distintes pruebas e intetnos que realicé para tratar de que la pintura se acercase un poco a lo que merece el modelado y fundido de la figura.
Su nombre ha sido escrito de varias formas, tales como Haccoude, Aucud, Aguto, etc. Se dice que era hijo de un curtidor de Hedingham Sibil en Essex; fue a Londres para trabajar como aprendiz, donde se enroló en el ejército inglés con destino a Francia bajo las órdenes de Eduardo III y el príncipe negro. Se dice que obtuvo el favor del príncipe negro y que fue armado caballero por el rey Eduardo III., pero aunque es cierto que estaba en las filas de la caballería, no hay evidencia ni del tiempo ni del lugar en los cuales ganó dicha orden. Después de la paz de Bretigny (1360), reclutó un grupo de soldados y viajó al sur con dirección a Italia, en donde encontramos a la Compañía Blanca, como llamaron a sus hombres, asistiendo al marqués de Monferrato contra Milán y a Pisa contra Florencia en 1364. Después de varias campañas en distintas partes de Italia central, Hawkwood en 1368 se incorporó al servicio de Bernabé Visconti. En 1369 luchó a favor de Perugia contra el papa y en 1370 para en el lado de Visconti contra Pisa, Florencia y otros enemigos. En 1372 derrotó al marqués de Monferrato, pero poco tiempo después, debido a la interferencia de un consejo de la guerra con sus planes, Hawkwood dejó el mando y la Compañía Blanca pasó al servicio papal, en el cual Hawkwood luchó contra Visconti en 1373-1375. En 1375 Florencia entabla un acuerdo con él por el cual se debía pagar a Hawkwood y su compañía 30.000 piezas del oro en tres meses a condición de que no emprendiera ningún empresa contra ellos. En 1377 bajo órdenes de Roberto, cardenal de Ginebra, legado
de Bolonia, masacró a los habitantes de Cesena, pero en mayo del
mismo año, disgustado por el trabajo de verdugo que le había
encargado el legado, se unió a liga anti-papal y se casó,
en Milán, con Donnina hija ilegítima de Bernabé Visconti. En 1390, Florencia entró en guerra contra Gian Galeazzo y se designó a comandante-en-jefe de Hawkwood. Su campaña contra el ejército de Milán en Verona y Bergamasco se tradujo en un triunfo del general, y en 1392 Florencia exigió una paz satisfactoria de Gian Galeazzo. Pasó sus últimos años en una villa en los alrededores de Florencia. En el momento de la muerte en 1394 la república le dio un entierro público, y decretó la erección de un monumento de mármol en la catedral. Esto, sin embargo, nunca fue ejecutada; pero Paulo Uccelli pintó su retrato en terre-verte en la fachada interna del edificio, donde todavía permanece, aunque dañado por la retirada del yeso. Ricardo II de Inglaterra, probablemente instigado por los hijos de Hawkwood que volvieron a su país nativo, solicitó el permiso a Florencia para retirar sus huesos, a lo que el gobierno florentino accedió.
Dado que el fundido es muy fino y las líneas de molde casi no existen, el proceso de montaje se simplifica bastante. Antes de montar o pegar nada estudié cómo iban a ser las etapas de pintura: armadura, cabeza, sobrevesta, bastón de mando y espada. Por lo tanto, el montaje de los brazos no me incordiaría mucho, pero las manos y la capa serían una molestia. Esto realmente no es un problema ya que, dado que lleva guanteletes, se pueden pegar y enmasillar al final del proceso de pintura sin poner en peligro el trabajo realizado. Las uniones de los brazos con el tronco coinciden con un corte en las placas de los hombros y con las correas que sujetan éstas al hombr, por lo tanto quedan bien disimuladas y únicamente el brazo derecho necesitó un poquito de masilla para rellenar la junta. Conviene probar y reprobar la situación de capa/mano izquierda y su encaje en el brazo y espalda. En mi caso, bien creo que por no poner pernos con mucha exactitud, fue necesario rebajar un poco el grosor de la capa y aplicar masilla en la unión del guantelete para que esta pieza encajara correctamente.
Parece que todos tenemos claro aquello de la luz cenital, pero uno, que es un poco torpe, no acabó de entenderlo hasta verano cuando Juan Carlos Avila pasó por la sede de la Asociación Alabarda y nos dió unos conceptos de pintura con este sistema. Así que, con las cosas ya un poco más claras, empecé la pintura de la figura. Como la cabeza encaja perfectamente, la pinté por separado por si fuera necesario decapar y repintar, bien ésta o la armadura. Pero antes de pintar la cabeza hice una prueba con otra suelta que tenía en el cajón para ver qué tal quedaba y cómo me adaptaba yo al nuevo sistema. La cosa me resultó más sencilla de lo que esperaba y el resultado se acercaba a lo deseado, de forma que pasé al original. Como quería conseguir un tono pálido, partí de un color carne medio para iluminar con carne clara.
Pues, volver a empezar. De nuevo con las lacas, incrementé en esta ocasión la cantidad de azul y casi eliminé las aplicaciones con negro. Ahora ya estaba un poco mejor. A continuación pasé a la sobrevesta. Mi idea era pintar el fondo claro y los bordados en oscuro, pero el resultado de las primeras pruebas producía una mezcla de colores muy plana, donde casi no se apreciaba nada. De forma que, como con todo hasta el momento, ¡a repetir!. Estuve estudiando cómo cambiar el color de los bordados para que no destacara sobremanera y se "comiera" el fondo. Al final me decidí por pintar un fondo muy oscuro y los bordados en rojo claro. Una vez más el resultado se acercaba a lo buscado. Con unos pequeños retoques siguiendo los consejos de Maese Juan Gómez de Segura, dí por finalizada esta tarea. Para el bastón de mando utilicé la misma mezcla que para los bordados. Y por último, me faltaba por pintar el gorro de piel y la corona sobre éste. Empezé pintando el gorro con acrílicos de una forma muy tosca aplicando las luces y las sombras de manera "aproximada". A continuación finalicé el proceso con óleos para conseguir un aspecto satinado propio del pelo. Para la corona y bordes de la armadura, empleé tinta de imprenta dorada que maticé con óleo Burnt Umber.
© Javier Méndez Pino. Febrero 2004
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