La Isla de Santa Elena, situada en el Atlántico Sur, no fue la primera isla en la que Napoleón había sido recluido. En 1814, tras la campaña de Rusia y la derrota de Leipzig, en lo que él lo llamó una traición interna por un movimiento político, fue recluido en la isla de Elba, situada entre Córcega y la costa Italiana. Allí, Napoleón logró rehacerse y marchar de nuevo sobre Francia, desembarcando en Cannes con sus fieles y forzando a Luis XVIII a escapar de forma poco gloriosa.

Tras la Batalla de Waterloo, Napoleón sabía que la posibilidad de defender Francia era nula. Presionado por el parlamento abdicó por segunda y última vez, en un primer lugar pensó en los Estados Unidos, allí podría convertirse en un simple granjero y llevar una vida tranquila. Mientras estaba en su residencia de Malmaison, cerca de Paris, Napoleón decidió salir de Francia de incógnito, se dirigió hacia la costa del Sudeste de Francia, para partir hacia Estados Unidos, pero al llegar a Rochefort, descubrió que toda la costa estaba vigilada por la Armada Británica.

Napoleón llegó a la conclusión que debía entregarse a los Aliados, de una forma digna, le escribió una carta al Soberano Ingles en la que apelaba a su generosidad. Pensaba que le acogerían y le darían un trato respetable, pero no fue así; al llegar a Plymouth, a bordo del navío Belerofonte, supo de su deportación a la Isla de Santa Elena, con un acompañamiento de no más de 15 personas. Napoleón dictó una protesta formal, pero no sirvió de nada.

Llegó a Santa Elena el 14 de Octubre de 1815 a bordo del Northumberland tras una travesía de dos meses. La primera noche la pasó en JamesTown, los siguientes dos meses los pasó en la residencia de un colono en Briars.

El lugar elegido para su residencia definitiva fue Longwood, a cinco Kilómetros de JamesTown, sobre una meseta de 500 metros en el centro de la Isla, delimitada por el pico mas alto de la isla y los acantilados, ideal para su vigilancia y evitar su fuga.

Era la zona más deshabitada de la isla, debido a la humedad y los fuertes vientos; a eso había que añadir el mal estado de la residencia, la cual estaba afectada por las termitas.

Napoleón rápidamente encontró con quien descargar su ira: Hudson Lowe, al mando de una guarnicion de 3000 hombres. Éste no había sido nombrado gobernador de Santa Elena por azar; Lowe había sido el encargado de organizar la resistencia anti-napoleónica en Córcega y fue elegido para este cometido por el primer Ministro Británico Castlereagh, el cual sabía la poco estima que éste le tenía a Napoleón.

Desde un primer encuentro, Lowe y Napoleón no se cayeron bien. Lowe se negaba a reconocer su título Imperial, llamándole “General Bonaparte”, le impuso reglas, solo podía moverse en un perímetro de 7 Kilometros, le censuraba el correo, durante la noche apostaba soldados a escasos metros de su residencia y restringía sus visitas. Lowe estaba siempre al corriente mediante un sistema de banderas, las cuales se hacian ondear desde una colina próxima dependiende del estado del Emperador. La bandera Azul era la de "Evasión", ésta fue la única que nunca se izó.

Napoleón, harto de Lowe, se negó en redondo a recibirlo. Era visitado dos veces al día por un oficial británico, residente de forma permanente en Longwood, el cual debía cerciorarse de la presencia de Napoleón.

A su destierro, le acompañaron unos pocos hombres y sus familias. Napoleón insistia en que se mantuviese la etiqueta cortesana, adoptada desde su ascenso al trono celebrándose incluso por la noche tertulias recordando “los buenos tiempos”.

Napoleón congenió mucho con el conde de Las Cases, el cual fue el autor de “Memorial de Santa Elena”, una recopilación de confesiones de la propia boca del Emperador, la cual, parece ser que ha sido ha sido una de las fuentes principales de los Historiadores. Lowe acusó a Las Cases de mantener correspondencia no autorizada y a finales de 1816, éste tuvo que abandonar la Isla, por lo que Napoleón notó muchísimo su falta. De todos los que le acompañaban, tan solo el mariscal Beltrand y el General Monthlon no le abandonaron.

Napoleón se dedicó allí a sus memorias, la cual le ocupaba gran parte de su jornada diaria,la había empezado durante la travesía hacia Santa Elena. Por la mañana el emperador les dictaba y después Les Cases y su hijo transcribian a partir de una versión estenográfica , y por la tarde se lo leían al Emperador quien señalaba errores u omisiones y hacían un segundo dictado.

Todo ello, le dio la oportunidad de analizar sus errores en la campaña de España, en 1808, la de Rusia, en 1812 y sobre todo Waterloo.

Otra de sus ocupaciones fue la creación de un jardín y una huerta junto a su casa pero la mala calidad del terreno le hundió un poco más con lo que el estado de abatimiento y el aburrimiento fueron su dominación en el último periodo, cuando permanecía incluso dias enteros encerrado en su habitación.

La enfermedad de la que fue victima iba deprisa. A este respecto existen dos hipótesis: el cáncer de estómago y la hepatitis. Los médicos que le hicieron la autopsia concluyeron que fue cáncer, como el que sufrió su padre.

También han existido varias tesis de envenenamiento, en las que se mantiene que Napoleón no murió por la enfermedad del cáncer, si no que fue envenenado de forma gradual durante su estancia en Santa Elena.

La primera tesis fue anunciada por un toxicólogo sueco en 1960 sobre la base de varios indicios en los diarios de los acompañantes de Napoleón en la Isla. En 1990 otros autores avivaron esa idea, en especial el canadiense Ben Weider, fundador de la Napoleonic Society. La prueba material se encontraría en el cabello de Napoleón después de que diversos análisis confirmaran que los cabellos estaban impregnadas de arsénico, en cantidades hasta diez veces superiores a la normal.

En 2002, otro análisis llevado por la revista Science et vie, ha venido a darles la razon. Se ha dicho que la razón de ello se debe al uso de productos conservantes de la época; de hecho, las muestras fueron tomadas de los cabellos regalados por Napoleón a sus allegados antes de ir a Santa Elena, los cuales podrían haber utilizado arsénico para conservarlas según se solía hacer en el siglo XIX. Actualmente, según dicen, hay motivos pues, para creer esas afirmaciones.

En sus últimos dias de vida, Napoleón redactó su Testamento. Repitió las acusaciones contra el gobierno Británico al tiempo que repartía su fortuna entre los acompañantes de Santa Elena y su familia. Dictó un testamento político en el que defendía la obra de gobierno por él realizada, con la esperanza de que su hijo la continuara algun dia. Su hijo murió a los 21 años.

Sus últimas palabras fueron” ...Retrocede... Armada,...Cabeza...”

Napoleón Bonaparte murió el 5 de mayo de 1821 a las 17.49 h.

Vestido con su uniforme de cazadores, sería velado hasta el dia 9 ydespués de una misa celebrada por el abate Vignali, el féretro sería llevado por 12 granaderos y confinado a una calesa. 2000 soldados Británicos rindieron homenaje .

La madre de Napoleón, reclamó los restos de su hijo a Inglaterra pero no tuvo contestación. En 1840 llegó a la Isla una comisión en la que figuraban los antiguos compañeros del Emperador, entre ellos, el hijo de Les Cases, para exhumar sus restos y trasladarlos a los Inválidos de Paris,donde permanecen hoy dia.

Espero os haya gustado.

Bibliografía

  • NAPOLEÓN ; 1ª parte, (Del Canto de la partida al sol de Austerlitz). Max Gallo.
  • NAPOLEÓN ; 2º parte, (Del emperador de Reyes al inmortal de Santa Elena). Max Gallo.
  • HISTORIA NATIONAL GEOGAFIC; nº 13, Napoleón en Santa Elena . Jesús Villanueva.

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© Pablo Roig. Enero 2005