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Alejandro nació en Macedonia en la ciudad de Pella (actual Grecia), en el 356 a.C., hijo de Filipo II, rey de Macedonia y de Olimpia, hija del rey de Epiro Neoptolomeo. Recibió una esmerada educación a cargo en un primer momento de Leónidas y posteriormente del filósofo Aristóteles, en el 345, que ejerció una notable influencia sobre Alejandro. Desde muy temprana edad mostró gran interés por el Imperio Persa y su funcionamiento, así como por la invasión de los persas sobre Macedonia. Del mismo modo, le interesaron las leyendas de Baco, que la mitología convierte en conquistador de la India. Ferviente lector de Homero, encontró en Aquiles su modelo que debía imitar. Se cuenta que era capaz de recitar de memoria la Ilíada y la Odisea. Según la leyenda, consiguió domar al caballo Bucéfalo, que nadie había podido montar con anterioridad, para lograr su intento, Alejandro lo puso siempre de cara al sol, porque el animal se espantaba de su propia sombra. Alejandro estuvo muy ligado a este caballo que lo acompañó durante gran parte de su expedición a Asia. A su muerte fundó varias ciudades a las que dio. el nombre de Bucefalia. A partir de los 16 años desempeñó el gobierno de Macedonia, mientras
su padre sitiaba Bizancio. Tomó parte por primera vez en una contienda
en la victoriosa batalla de Queronea (338 a.C.) contra los medas. Poco
después se enfrentó a su padre debido a que éste repudió a Olimpia para
casarse con Cleopatra, sobrina de Atalo, noble macedonio. Alejandro se
puso de parte de su madre y, tras protagonizar un enfrentamiento con Atalo
en el banquete de bodas de su padre, se exilió a Epiro junto con Olimpia.
No regresó hasta la muerte de su padre, asesinado por Pausanias. Al morir Filipo, se sospechó acerca de la responsabilidad de su hijo en el crimen, pese a lo cual le sucedió en el trono, aclamado por el ejército. Cuando se convirtió en rey en el 336 a.C., se encontró con un buen número de problemas, Plutarco los sintetiza así: "Los bárbaros de los confines no soportaban la esclavitud y deseaban organizarse formando reinos independientes ;por otra parte, una vez conquistada Grecia por sus huestes, Filipo no había tenido tiempo de someterla y avasallarla porque, después de haber cambiado y modificado profundamente el orden de las cosas, la dejó: a continuación y a raíz de la novedad de la situación, todos se sublevaban", por otro lado los nobles macedonios querían recuperar los privilegios que su padre les había quitado. Para ganarse su fidelidad, les eximió de tributos y les dio los más altos cargos de su ejército. Por otro, Átalo, que se encontraba al mando de un ejército en Asia, intentó deponer a Alejandro y dar la corona al recién nacido hijo de Cleopatra. Grecia se sublevó al saber de la muerte de Filipo, dirigidos por Demóstenes. También hubo sublevaciones en Ambracia y los tebanos atacaron Cadmea. Al mismo tiempo los tracios, tribalos, getas e ilirios preparaban la invasión de Macedonia, convencidos por los griegos. Para poner remedio a todo esto, mandó asesinar a Atalo, a continuación se puso al frente del ejército y se dirigió rápidamente a Grecia. Las ciudades griegas no esperaban una reacción tan fulminante y, por tanto, no estaban preparadas, por lo que tuvieron que rendirse a Alejandro. En su corte eliminó a todos aquellos que se le oponían. Pacificados sus dominios, convocó la Asamblea de la Liga de Corinto en el 335, la cual aprobó la guerra contra los persas, tal como su padre la había proyectado, y eligió a Alejandro como estratego y comandante supremo de los helenos. Tras el nombramiento regresó a Macedonia para preparar la guerra y allí tuvo que hacer frente a los tracios, tribalos e ilirios. Llegó con sus armas victoriosas hasta el río Danubio, en tanto que en Grecia, especialmente en Tebas, se creyó que Alejandro había muerto en combate, por lo que el pueblo se levantó en armas; sin embargo, Alejandro regresó antes de que se desmintiera la noticia de su muerte. Tebas fue sitiada, saqueada y destruida en el 335 y sus habitantes fueron reducidos a la esclavitud; los demás estados griegos se sometieron y alcanzaron su indulgencia. Después de asegurar las fronteras de su reino macedonio, dejándolo al cuidado de su amigo Antípatro, cruzó el Helesponto al mando de un ejército compuesto en su mayoría por macedonios, pero en el que había contingentes de todos los pueblos conquistados en ese momento por Alejandro, con él derrotó a los sátrapas persas de Asia Menor junto al río Gránico en el 334 (ver anexo 1). La batalla fue terrible para los persas que tuvieron importantes bajas, ya que su ejército se desmoronó ante el organizado ataque de Alejandro, al que sólo el general Memnon consiguió resistir, pero de nada sirvió pues todo el ejército fue destruido. Liberó Sarde y las ciudades griegas de Asia; tomó Mileto, donde falleció Memnon, y Halicarnaso. Después cruzó Licia, Panfilia y Frigia (donde cumplió la profecía del "Nudo Gordiano", partiéndolo en dos con su espada). En todos los territorios conquistados situaba a oficiales macedonios como gobernadores con el título de sátrapas. En el verano del 333 las fuerzas macedonias sufrieron diversos reveses en los que perdieron Quíos y Mitilene. Estos reveses se debieron a la prematura disolución de la flota jónica, que regresó a Grecia, dejando al ejército sin posibilidad de retirarse.
En el año 331 a.C. se dirigió hacia Mesopotamia, donde Darío III había reunido un gran ejército. En la titánica batalla de Gaugamela o Arbela (ver anexo 3 ) nuevamente Alejandro derrotó al rey persa, utilizando la táctica de la línea oblicua que ya había empleado en Gránico e Isos; Darío huyó a Ecbatana; Babilonia y Susa se entregaron. Alejandro le persiguió y después de cruzar las Puertas Cáspicas conquistó Persépolis, antigua capital del Imperio Persa, donde encontró un sustancioso botín e incendió el palacio real en compensación por la destrucción que los persas habían causado en Grecia en el 480. Se adentró en Persia conquistando Media y Partia. El asesinato del rey persa por Bessos (330 a.C.) permitió a Alejandro considerarse sucesor de dicho monarca; como tal, sometió a las satrapías orientales disidentes y, al mismo tiempo, capturó a los asesinos de Darío, con el fin de evitar que constituyesen reinos independientes. En el 329 conquistó el Irán oriental, donde capturó y ejecutó a Bessos. Durante tres años continuó sus conquistas por el territorio persa, lo que le llevó de Hircania hasta Drangiana, Bactriana y Sogdiana, donde se casó con Roxana, hija de un príncipe local, en el 328; durante estos años Alejandro sufrió un proceso de orientalización que provocó el disgusto y el abandono de algunos de sus compañeros macedonios. La progresiva identificación de Alejandro con los elementos persas se manifestó no sólo en el origen oriental de las tropas reclutadas y en el nombramiento de sátrapas para el gobierno de las regiones conquistadas, sino también en su propia vida personal: su matrimonio según el rito iranio, el uso de los atributos (sello, tiara y ceremonial) reales persas y, lo que fue más grave, el exigir a los macedonios que le saludaran postrándose ante él según el gesto de adoración que los persas realizaban ante sus reyes. Esta "crisis asiática" radicalizó la represión de Alejandro entre los miembros de su séquito que criticaban las nuevas costumbres adquiridas. Mandó ejecutar a Filotas, a Parmenio, y a Calístenes, sobrino de Aristóteles, tras la conjura de los pajes del 327; así mismo ejecutó al mismo Clito, su hermano de leche, que le había salvado la vida en la batalla de Gránico; se dice que a éste lo ejecutó con sus propias manos. En el año 327 a.C. inició su expedición contra la India, con el fin de alcanzar los supuestos confines meridional y oriental de las tierras habitadas y satisfacer su proyecto de dominio universal, así como para aplacar los ánimos de su descontento ejército, el cual veía cómo los orientales tenían más peso dentro de sus filas. En su progresión hacia Oriente derrotó al rey indio Poros en Hidaspes; su sumisión hizo que Alejandro le devolviera el reino y lo considerara como un vasallo. Se abrió camino hasta la desembocadura del río Indo, pero allí tuvo que preparar el regreso debido a un motín de las tropas que se negaban a seguirle hasta el Ganges; era el otoño del año 326. En poco más de ocho años las conquistas de Alejandro ocupaban un inmenso territorio que unía el Mediterráneo con la India y Egipto con Grecia. Para el regreso desde la India tuvo que construir una flota fuertemente armada, mandada por Niarcos, mientras Alejandro y Crátero, al frente de sus ejércitos, se desplazaron por tierra en dirección a Persépolis. En el trayecto Alejandro fundó varias ciudades (Nicea y Bucéfala -esta última en honor de su caballo Bucéfalo-). En Susa, en el año 324 a.C., se casó con Estatira, hija de Darío, y con Parysatis, hija de Oco, sin repudiar a su primera esposa Roxana, hecho que incitó a los generales y soldados macedonios a contraer matrimonio con mujeres asiáticas. Sin embargo, Alejandro comprobó que el desorden y la corrupción se habían generalizado durante su ausencia en los primeros territorios conquistados, por lo que se vio obligado a aplicar medidas correctoras, que a su vez provocaron motines entre los veteranos griegos que le habían seguido desde el inicio de las campañas. La sublevación de los veteranos licenciados en la ciudad de Opis en el año 324 desencadenó una serie de medidas destinadas a crear una nueva estructuración del imperio en Babilonia mediante la unión de persas y macedonios: a los persas se les admitió en el ejército en igualdad de derechos con los griegos; en las satrapías creadas se llevó a cabo una estricta separación de los poderes civiles y militares; se centralizaron las finanzas y se creó una moneda única, acuñada en plata.
Todas esta medidas fueron la base para hacer del imperio de Alejandro una extensa área de intercambio económico y cultural, en la que la lengua y la cultura griega aportarían a las peculiaridades regionales la sabiduría del mundo clásico. Paralelamente, Alejandro seguía alimentando otros grandes proyectos, ahora hacia el mar Caspio y Arabia. Pero pronto, el 13 de junio del año 323 a.C., toda su gloria y proyectos de dominio universal se vieron cercenados al morir en Babilonia, víctima del paludismo, a los 33 años de edad y tras trece de reinado. A la muerte de Alejandro acaecida en el año 323 a.C., se presentó repentinamente el grave o casi insoluble problema de la sucesión: aspiraban al trono Filipo Arrideo, hijo ilegítimo de Filipo II (de hecho hermanastro de Alejandro por la línea paterna), y el hijo póstumo de Alejandro Magno, que, Roxana dio a luz tras la muerte del conductor, al que dieron el nombre de Alejandro IV.Poco antes de morir, Alejandro había nombrado regente a Pérdicas, que a su muerte asumió el poder en representación del hermanastro de Alejandro y su hijo póstumo, hasta que quedase establecido a quien correspondía el trono. También llevó a cabo el reparto de las funciones administrativas entre los incondicionales de Alejandro: a Antípatro le correspondió Macedonia y Grecia; a Antígono, Frigia y Lidia; a Ptolomeo, Egipto y a Lisímaco, Tracia. Por consiguiente en ausencia de un sucesor, los generales de Alejandro
Magno decidieron adoptar una solución aceptable: los dos más influyentes,
Pérdicas, hipparco (o sea, jefe supremo de la caballería), que se encontraba
en Babilonia, y Antípatro, a quien Alejandro había confiado Macedonia,
asumieron las funciones de regentes de los dos aspirantes al trono ( que
por otra parte terminaron siendo asesinados al cabo de pocos años) y se
propusieron mantener unido al imperio, resistiendo las tendencias separatistas
de los otros generales o de los diversos sátrapas.Entre éstos figuraban,
en primer lugar: Meleagro, antiguo jefe de la Falange; Poro y Táxiles,
sátrapas de las regiones orientales; Leonatos, Seleuco y Ptolomeo, que
en esos momentos conducían las tropas macedonias en los alrededores de
babilonia; Lisímaco, que se encontraba en Tracia; Eumenes de Cardia, que
gobernaba Capadocia; Crátero, gobernador de Cilicia; Peitón, sátrapa de
Media, Antígono Monoftalmo, sátrapa de Frigia, y otros. Pero pronto se
demostró que la situación era incontrolable, por cuanto entre todos esos
generales y sátrapas se tramaban coaliciones que, con un complicado juego
de alianzas en cambio continuo, llevaron a una serie de guerras que terminaron
desmoronando el imperio. Con la muerte de los regentes Pérdicas (en el 321 a.C.) y Antípatro (en el 319 a.C., aunque su hijo Casandro ocupó su ligar y continuó su política con menos prestigio), y la desaparición de Leonatos y Eumenes de Cardia, entró en escena alrededor del año 315, un grupo más restringido de pretendientes a la sucesión de Alejandro: Antígono Monoftalmo (que controlaba Frigia, Persia y Media, ayudado por su hijo Demetrio Polorcetes), Ptolomeo (que se estaba creando un reino autónomo en Egipto), Casandro (que dominaba en Macedonia y tesalia), Seleuco (sátrapa de Babilonia) y Lisímaco (que gobernaba Tracia, territorio relativamente pequeño, pero importante porque controlaba el paso del Bósforo). La situación política aún seguía siendo complicada y se caracterizó por rápidas variaciones e imprevistos cambios de alianza durante los quince años posteriores, en cuyo transcurso se registró en los enfrentamientos entre los rivales un cierto predominio de Antígono Monoftalmo. Antígono se proponía dividir a sus adversarios para derrotarlos por separado y anexionar sus dominios, hasta reconstiruir la unidad del imperio de Alejandro, cuya mayor parte ya controlaba; pero esta política no dió resultado, pues sus enemigos, aunque desunidos por ásperas rivalidades, se apoyaron recíprocamente con oportunas alianzas, con el propósito de salvar los dominios donde cada uno de ellos estaba construyendo su propio reino particular. Desde 315 a.C. hasta el 301 a.C. tiene lugar la guerra de los diacodos que se disputan el trono de Alejandro hasta que en 306 se lleva a cabo a disolución del imperio y se forman cuatro reinos. En el año 301 a.C., Antígono fué vencido y muerto por los rivales coligados en la batalla de Ipso, y de hecho esta fecha marcó el fin del sueño imperial de Alejandro y sus sucesores. Así, puede afirmarse que desde este año, se inició la historia de tres grandes reinos:
Alejandro Magno es considerado la máxima figura política de la Antigüedad, gran estratega militar (el primero de todos, en opinión de Aníbal, según se recoge en la leyenda de este último personaje) y creador de una obra de gran trascendencia cultural: la aparición de un mundo nuevo, el helenístico, donde la cultura clásica se vio enriquecida con las aportaciones orientales. Sin embargo, la helenización de Asia nunca llegó a ser tan profunda como se pretendió, debido a la rápida disolución de la obra de Alejandro, ya que a su muerte sus generales entraron en guerra unos con otros para dirigir el imperio, con lo que se llegó a la división del mismo.
© Pedro Adolfo Rodríguez Díaz. Noviembre 2001
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