La leyenda de Alejandro

 

La base de la leyenda

Alejandro el Grande murió poco antes de cumplir los 33 años, como Cristo, con quien se asoció de algún modo al responder ambos al tópico del puer-senex (Alejandro era tan sabio como fuerte desde la más tierna infancia). Legendario es también su famoso caballo, Bucéfalo, resultado del cruce de dromedario y elefante, según el Libro de Alexandre español. La figura de Alejandro está a la cabeza del ciclo de la materia de Roma (como lo está Carlomagno para la materia de Francia y Arturo para la materia de Bretaña). Escritores de su séquito, como Calístenes de Olinto y Onesícrito de Astipalea hubieron de dar a su relato laudatorio una temprana pátina constituida por la superposición de elementos maravillosos y fantásticos; esta dosis hubo de intensificarse por medio de sus continuadores, de los que poseemos una larga nómina en época clásica (de seguro, la voluntad de Ptolomeo y sus sucesores de enaltecer su dinastía hubo de estar en la base de algunos de estos relatos).

La personalidad de Alejandro

ALEJANDRO MAGNO EN EL TEMPLO DE JERUSALEN (REALIZADO POR CONHijo de Filipo de Macedonia y de Olimpia (356-323 a.C.) fué el más famoso capitán de la antigüedad. Conquistó Tracia e Iliria, derrotóa los tebanos en la batalla de Queronea y destruyó tebas. Posteriormente venció a Darçía, rey de los persas: invadió Egipto y fundó la ciudad de Alejandría. ¿Quien era en realidad Alejandro?, hay acuerdo en los historiadores en lo que respecta a la apariencia física del joven soberano, quienes lo consideran bastante parecido a las estatuas de Lisipo, de las cuales todavía existen vestigio y copias. En ellas Alejandro se nos presenta más bien alto, bien proporcionado, atlético, de cabellos lacios, mirada dulce dirigida hacia lo alto,cabeza algo inclinada a la izquierda, piel blanca y lisa.

Menos facil es la reconstrucción de su personalidad, porque se puede pensar que tal vez su irresistible encanto indujo a los historiadores a dar testimonios parciales.Plutarco por ejemplo escribe "Desde que era mozo se manifestó su sobriedad en cuanto a los placeres del cuerpo: se mostraba ardiente e impetuoso en todas las cosas, pero se dedicaba con moderación a los placeres del cuerpo; en sus sentimiento dominó siempre el deseo del honor, y estos fueron elevados y magnánimos, más de lo que podía esperarse de su edad. "También fué por cierto, generoso y leal con los amigos, muy audaz, valeroso hasta la temeridad, de una inteligancia extraordinaria, una incansabñle vitalidad y una curiosidad insaciable. Su padre fué su primer modelo, sus maestros; Leónidas, Lisímaco y finalmente Aristóteles.

Pero en los hechos se manifestó autoritario, ambicioso hasta la exageración, obstinado, poco propenso a admitir sus errores, presa frecuente de los vapores del alcohol y de la cólera violenta, sobre todo cuando se le contradecía.

Las causas de su muerte aún permanecen sin aclararse, según algunos historiadores murió tras un baño en las frías aguas del río Cicno, con treinta y tres años de edad.

La larga marcha de Alejandro

La expedición de Alejandro en Asia constituye una empresa extraordinaria desde todo punto de vista. En todas las épocas, el aspecto más celebrado (incluso porque para los historiadores griegos representó la gloriosa culminación de las alternativas no siempre felices de las guerras Médicas) es sin duda el de la victoria obtenida sobre el imperio Arqueménida y la conquista del predominio en un territorio de ilimitada extensión, pero merecen destacarse otras facetas interesantes de la expedición: la distancia recorrida, que los estudiosos calculan que cubrió más de 27.000 kilómetros de territorio, a menudo montañoso o desértico; el descubrimiento de civilizaciones casi desconocidas hasta entonces en Occidente, por ejemplo la que se desarrolló en el valle del Indo; la excepcional duración de la expedición, desde la primavera del año 334 a.C. hasta febrero del 324 a.C.; los aspectos estratégicos de la empresa (batallas casi siempre victoriosas, sitios, solución de los enormes problemas ligados al aprovisionamiento y acuartelamiento en los meses invernales); la fundación de numerosas ciudades; la notable contribución efectuada a los conocimientos científicos del mundo griego, puesto que Alejandro, sensible a los problemas de la investigación científica, merced a su maestro Aristóteles, fue seguido por geógrafos, astrónomos, botánicos, geólogos y estudiosos de toda clase.

Las motivaciones que impulsaron al joven Alejandro a intentar una empresa que parecía superior a sus fuerzas son oscuras, en gran parte y motivo de discusión entre los historiadores. Algunos, siguiendo las opiniones de los hagiógrafos griegos de este conductor, sostiene que fue un hecho natural, inevitable, atacar a los bárbaros a los que se consideraba como una raza inferior, cada vez que fuese posible. Otros afirman, en cambio, que Alejandro partió en realidad con la idea de restringir su empresa a Asia Menor y que esta prosiguió al penetrar en el corazón del Imperio Arqueménida, en tierras que hasta entonces habían sido totalmente desconocidas para el mundo griego, sólo con el objeto de destruir definitivamente a un enemigo que, de lo contrario, pronto habría reaparecido en escena. Unida a estas razones, más o menos lógicas, se destaca la necesidad fundamental de satisfacer su anhelo de experimentación y conocimiento, vinculada con la sicología de Alejandro y la educación recibida de Aristóteles. LA LARGA MARCHA DE ALEJANDRO MAGNONo se explicarían de otro modo los largos meses pasados en las exploraciones delas ásperas tierras de Bactriana, su incursión en los territorios más allá del río Indo, la decisión de dividir en dos la expedición, haciendo que Crátero volviera por una ruta, y guiado personalmente a otro contingente de guerreros por un itinerario distinto, y la organización de una expedición naval confiada al mando de Nearco para explorar las costas del océano Índico y del golfo Pérsico.

El mapa indica el desarrollo global de la empresa de Alejandro que abarca un vastísimo territorio de una extensión superior a cinco millones de kilómetros cuadrados y con una variedad de situaciones climáticas y ambientales (desde el calor tórrido de Egipto hasta el frío de los altos pasos de Afganistán) que jamás ejercito alguno había afrontado ni superado.

De la Antigüedad al Medievo

La cumbre de la leyenda de Alejandro en el Medievo es el Roman d'Alexandre, cuyo orto es imposible de entender si no se persigue antes su evolución desde la época helenística. Lejos quedan los supuestos autores contemporáneos, como Calístenes de Olinto, hijo de una sobrina de Aristóteles y compañero de expedición del emperador macedonio; sobre él, nada más queda que un puñado de fragmentos, pero la calidad de su relato, en que Alejandro aparece endiosado, facilitó que se le adjudicase la llamada Novela de Alejandro, que no es sino el relato conocido hoy como Pseudo-Calístenes. También contemporáneo de Alejandro fue Cares de Mitilene, autor de una Historia de Alejandro, del que se conoce algún fragmento indirecto (a través de Ateneo). Otros autores primitivos fueron Efipo de Calcidia, que escribió Sobre el funeral de Alejandro, Onesícrito de Astipalea o Egina, Nearco de Creta, Clitarco de Alejandría o Aristóbulo de Casandrea, cuyas obras son conocidas también por medio de simples fragmentos y siempre a través de autores posteriores. De todos los autores antiguos, el principal es sin duda Tolomeo o Ptolomeo, hombre de confianza de Alejandro y su principal heredero.

Los historiadores que versan sobre la leyenda de Alejandro dentro de lo que hoy se considera segunda generación (correspondiente al siglo I a. C.) tienen su punto de partida en Diodoro Sículo, quien dedicó el libro XVII de su Biblioteca Histórica a Alejandro. Mucho más importantes serán las consecuencias de que Plutarco dedique al héroe su obra Sobre la fortuna o virtud de Alejandro y, más tarde, su exitosa Vida de Alejandro; no obstante, los helenistas siguen considerando a Arriano de Nicomedia como el informante principal para todo lo relativo a la figura de Alejandro. En estos y otros autores, se saca partido de documentos supuestamente redactados cerca del propio Alejandro, como son las Efemérides reales y un buen puñado de cartas, muchas de las cuales son claramente espurias, aunque gozaron de gran fama a lo largo del tiempo.

La historiografía latina sobre Alejandro arranca con Quinto Curcio y su Historia, redactada en las medianías del siglo I d. C.; en él, se perciben de forma diáfana algunos de los rasgos que serán potenciados por los autores tardo-clásicos y medievales, como el talante dramático o los rasgos exóticos de la narración. A las andanzas del héroe macedonio se llegó también gracias al Epitoma que Justino (que floreció a comienzos del siglo III) preparó sobre la Universalis Historia de Trogo Pompeyo. A este material, se sumaría el Pseudo-Calístenes, con lo que al público medieval le llegó perfectamente elaborada la leyenda del gran emperador macedonio.

De Pseudo-Calístenes al Libro de Alexandre

En el siglo III, de acuerdo con la mayor parte de la crítica, un alejandrino, al que conocemos como Pseudo-Calístenes, escribió su fabulosa historia sobre Alejandro el Grande, que partió de una biografía y una serie de cartas dispuestas a modo de novela epistolar (es una época de decadencia, adecuada para la novela, con un marcado gusto por lo mítico y lo fabuloso). Esta obra fue traducida en el siglo IV al latín por un tal Julio Valerio (es la titulada Res gestae Alexandri Macedonis); a su vez, el texto latino fue abreviado en el siglo IX y, así, se constituyó en Epítome. A finales del siglo XI o comienzos del siglo XII, este último libro fue el que utilizó un trovador del sudeste de Francia llamado Albéric de Pisançon, quien escribió un poema del que sólo nos quedan los 105 primeros versos, escritos en quince laisses de octosílabos monorrimos en dialecto franco-provenzal.

Después, un poeta del Poiteu utilizó este último texto para construir 77 tiradas de versos de diez sílabas. A su vez, éste fue continuado por dos poemas: uno de Alejandro de París, Eustaquio y Lambert le Tort de Châteaudun, hasta llegar a 20.000 versos dodecasílabos (alejandrinos). El conjunto ha recibido el nombre de Roman d'Alexandre, obra que consta de cuatro ramas (branches) principales (recopiladas ca. 1170-1180). Recordemos que entre 1178 y 1182 se escribe el poema épico latino Alexandreis, obra de Gautier de Chatillon, en el que se encuentra el otro sólido pilar del Libro de Alexandre español.

Las cuatro branches son las siguientes: 1) Narra la niñez del héroe y sus primeras conquistas en decasílabos. 2) La versión de Eustaquio recoge la razzia de Alejandro en Gaza. 3) Es la más extensa y está basada en Lambert le Tort; va desde la derrota de Darío hasta la trama para envenenar a Alejandro. 4) Obra de un tal Alejandro de París o de Bernay y de Pierre de Saint-Cloud, en ella se cuenta la muerte del héroe, sus funerales y la partición de su imperio. Alejandro de París parece haber dado al texto su forma definitiva, con la refundición de los poemas citados y con otros materiales hasta constituir una obra con un total de 16.000 alejandrinos dispuesta en su orden cronológico.

Es importantísimo retener que, a lo largo del período en que surgieron las refundiciones citadas, se añadieron nuevos materiales: enseguida, se recuperó a Quinto Curcio (más tarde, exitosísimo en época incunable, en latín o traducido) y, junto a él, la Historia de praeliis medieval, obra del siglo X del Arcipreste León de Nápoles que constituye la base de la difusión de la leyenda en el Medievo; a su lado, hay que situar a Justino (o, lo que es lo mismo, a Trogo Pompeyo), Pablo Orosio y diversos textos apócrifos, entre los que hay que citar el viaje de Alejandro al Paraíso, la carta de Aristóteles a Alejandro, la carta de Alejandro a Aristóteles sobre las maravillas de la India, la carta del Preste Juan, el Liber monstruorum, etc. Todo este material 'exótico' pesó sobremanera en una leyenda verdaderamente recargada de mirabilia desde sus orígenes.

De ese modo, el Roman se muestra como un roman de aventuras con decorado oriental (que dejará una huella clara en tantos relatos novelescos del Medievo europeo); además, Alejandro es, de algún modo, la encarnación de todas las virtudes caballerescas, lo que invita a leer la obra como un compendio de hazañas bélicas. Sin embargo, su constitución a modo de enciclopedia hará algo distinto de la obra, especialmente en el caso del Libro de Alexandre español. Tal como la conocemos, es "un eslabón intermedio entre historia, épica, biografía y leyenda, por un lado, y novela por otro", como ha señalado Carlos García Gual; sin embargo, por su tema, ajeno a Francia, no es propiamente un texto épico o heroico.

Como sucede en el caso de la vida de Cristo o las de héroes épicos como Carlomagno, Guillaume d'Orange o el Cid, tenemos no pocas obras que continúan el ciclo: las dos Vengement Alixandre, en que se venga su muerte (siglo XII); la Prise de Defur (siglo XIII), con 1654 alejandrinos en que se cuentan las peripecias amorosas del héroe, y el Voyage d'Alexandre au paradis terrestre. Entre otras obras, hay que citar los Voeux du Paon de Jacques de Longuyon (siglo XIV), que alguna vez fueron traducidos al castellano y leídos por don Iñigo López de Mendoza, nuestro célebre Marqués de Santillana (de hecho, se citan en su Prohemio e carta).

© Pedro Adolfo Rodríguez Díaz. Noviembre 2001