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Tras asegurar el dominio macedónico sobre Tracios e Ilirios, Alejandro
sofoca la rebelión de Tebas, Atenas y el Peloponeso, destruyendo Tebas
y reduciendo a sus habitantes a la esclavitud.
En el año 334 a.C. comienza la campaña de Persia y cruza el Helesponte.
Desembarcando en Asia Menor, Alejandro tomó la decisión de reanudar inmediatamente
el combate, y se dirigió después a Frígia para cercar las fuerzas persas
que estaban al mando de Memnón.
La
primera de las legendarias batallas que libró la expedición de Alejandro
se desarrolló junto al río Gránico (últimos días de Mayo, primeros de
Junio de 334 a.C.). La pesada caballería persa, fuerte por su gran superioridad
numérica, trató de romper las filas macedonias centrales y se produjo
de pronto un duelo directo entre un jefe persa y Alejandro, que fue herido.Con
la intrepidez que lo caracterizaba, Alejandro se lanzó nuevamente a la
contienda y se salvó gracias a la intervención de su amigo Clito El Negro,
quien se interpuso librándolo del ataque de un persa.La tentativa persa
de quebrar el centro aún no se había logrado y la caballería de Alejandro,
constituida por Macedonios y Tesalios agrupados en las dos alas, cargó
a su vez, y convergió hacia el centro, cercando a los persas.Memnon, sabiendo
que la caballería tesalia y macedonia eran muy poderosas, había intentado
vencerla en su propio campo, confiando en su superioridad numérica.Pero
la caballería persa se hallaba integrada por un conjunto heterogéneo de
escuadrones, poco unidos entre sí, ya que pertenecían a diversos pueblos
que no constituían una fuerza coherente. El historiador Diodoro Sículo
habla al respecto de jinetes Tracios, Armenios, Libios, Escitas, Sogdianos,
Capadocios, Sirios, Bactrianos, Iranios y Paflagonios.
De ahí que la batalla del Gránico puso súbitamente de relieve algunas
características técnicas de esa extraordinaria máquina de guerra que fue
el ejército de Alejandro, así como su habilidad de comandante valiente
e impetuoso que explotó todos los recursos potenciales para la maniobra.
La batalla concluyó en realidad en las murallas de Mileto, donde en su
huída se había refugiado Memnon. Y allí el bien pertrechado y versátil
ejército de Alejandro organizó un brillante asedio combinado por tierra
y por mar apoderándose de la ciudad.
Después de la batalla del Gránico, Alejandro estuvo en condiciones de
moverse sin contratiempos en el Asia Menor occidental, apoderándose, una
vez más, mediante campañas hábiles y que destacaron por su estrategia
militar, de las ciudades más importantes para destacar el carácter de
su empresa, que conducía en nombre de toda la civilización helénica, envió
como ofrenda a Atenas, el templo de la diosa Atenea, una parte considerable
del botín obtenido en la batalla.

© Pedro
Adolfo Rodríguez Díaz. Noviembre 2001

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