Pedro Adolfo Rodríguez Díaz

Caballeros
Caballeros y armaduras, en el articulo que a continuación me dispongo a exponer voy a intentar de forma más o menos breve describir lo que fueron estos personajes, modelo a seguir durante gran parte de la edad media europea, aunque no deberíamos de olvidar que el sentido de caballero se puede aplicar a todo tipo de civilizaciones, desde los pueblos árabes, las civilizaciones del continente americano (o como a continuación se verá ) hasta ciertos componentes étnicos de tribus del Tíbet, y por supuesto en el Japón feudal y tal y como explico en mi artículo "Los cuatro Pilares de Honor" se trataba de los Samuráis.

Personalmente tengo que confesar mi personal admiración hacia este tipo de época, en la cual todo se regía por estrictos códigos de honor, el término de batalla y en concreto el de cuerpo a cuerpo de llevaba hasta los límites de lo humano, y toda esta época estaba rodeada de ese "oscurantismo" que a tantas leyendas ha dado lugar y que en tantas ocasiones ha dejado volar la fantasía de todos nosotros.

Creo que a ninguno de nosotros (o a casi ninguno ) nos desagradaría la idea o el hecho de en algún momento enfrascarnos en una de esas fabulosas armaduras y saber por unos momentos lo que se debía de sentir montado a lomos de un poderoso caballo tal y como todos hemos visto en la fabulosa figura de Andrea del "Caballero Gótico alemán de 1480", o el Condotiero italiano de Pegaso o como se puede observar en películas como Excalibur, Juana de Arco e innumerables títulos más, armado hasta los dientes y sobre todo realizando titánicos esfuerzos para poder mover ese pesado armamento del que por aquellos tiempos estaban dotadas las unidades de caballería.

Considero que es realmente espectacular el poder contemplar cómo en alguna época de nuestra historia hubo alguien que pudiese pasarse horas metido en ese montón de metal combatiendo en infernales condiciones, en la mayoría de ocasiones tan solo por unos ideales (caso de las cruzadas), o por motivos de honor (caso de los duelos), de ahí mi especial tributo a estos personajes y a las indumentarias que portaban, siendo ambos símbolo de reglas a seguir tales como el honor, el valor, la disciplina y lealtad, a cual de ellas más fuertemente instauradas en sus férreas convicciones y creencias de que su código de caballería era lo principal a seguir, antes que nada, antes que todo, incluso antes que su propia vida.

Quiero dedicar este artículo al que fue mi maestro y mentor durante años en el aprendizaje de este difícil arte de la pintura de figuras, y sobre todo gran amigo (que hoy en día ya hay pocos), a Luis RODRÍGUEZ ARENAS, gracias por tu paciencia conmigo y sobretodo por tu sincera amistad.

 

Orígenes e historia

El origen de los caballeros se remonta a la Antigüedad Clásica, ya en Grecia existían éstos, que eran reclutados entre los ciudadanos de clase social más elevada. El vocablo utilizado en Grecia era el de hippies, que hacía referencia tanto a los caballeros propiamente dichos como a una elevada clase social, a veces incluso una auténtica aristocracia.

ArmaduraEn el Imperio Romano los caballeros ocupaban el orden ecuestre, inmediatamente detrás de la clase senatorial, para lo cual se les exigía la posesión de unas rentas territoriales mínimas que debían ascender a cuatrocientos mil sestercios. En tiempos de los reyes de Roma, los caballeros eran aquellos soldados que combatían a caballo; su número ascendía a seiscientos, número que se triplicó en época de la República. A medida que Roma fue creciendo se separó la parte militar, los milites, de la social; estos últimos se configuraron en el orden ecuestre, una categoría social de un fuerte poder económico sustentado por el hecho de poder llevar a cabo las actividades económicas que les estaban prohibidas a los senadores. Se constituyeron en una nobleza cuyos títulos concedía el emperador y ocuparon los puestos de la administración que no estaban reservados a los senadores. La carrera administrativa de los caballeros estaba regida por un cursus honorum perfectamente reglamentado que se iniciaba siempre dentro del ámbito militar para, una vez acabado el servicio militar, ir ascendiendo en el aspecto civil.

Al principio de la Edad Media, los guerreros de los pueblos germánicos luchaban a pie, pero entre los años 700 y 1000 se crearon fuerzas de caballería, como única solución para oponerse a los poderosos invasores musulmanes, vikingos y magiares.

En el siglo XI, la aristocracia germánica adoptó de forma generalizada las tácticas de lucha a caballo, el concepto de feudo y el de vasallaje, dando con ellos lugar al proceso de feudalización. Pero fue en el otro extremo de Europa donde, en el siglo siguiente, el caballero adquirió una connotación honrosa y no meramente militar, así el término francés chevalier ('jinete') y la palabra inglesa knight (derivada del vocablo anglosajón cnight que significaba 'sirviente') adquirieron este significado. Al desarrollo de la caballería pesada contribuyeron la invención de los estribos, que permitía una mayor estabilidad en el combate a caballo, y el descubrimiento de medios para herrar a los equinos.

Los caballeros de la Edad Media tienen su origen directo en los milites del ejército romano. Eran fundamentalmente guerreros a caballo que configuraban el elemento más importante de los ejércitos medievales, basados en el poder de la caballería. Si los caballeros eran de origen noble, su rango social no quedaba modificado, pero si pertenecían a las clases humildes eran elevados a la posición social de sus compañeros de armas.

Era habitual que los caballeros iniciaran su formación a muy temprana edad, a los siete años un niño era enviado a vivir a la residencia de un caballero; allí servía como paje aproximadamente hasta su pubertad, momento en que se convertía en escudero y servía a su señor en el campo, al tiempo que aprendía la destreza militar, tanto en la lucha cuerpo a cuerpo como en el combate a caballo. La técnica militar fue cultivada y exaltada por los ideólogos eclesiásticos y cortesanos. El caballero medieval era entrenado para sobresalir en los hechos de armas, para lucir su valor, cortesía y lealtad y para triunfar sobre la felonía y la cobardía. Los caballeros debían vivir noblemente para consagrarse íntegramente al servicio de las armas. Los que contaban con menos recursos económicos entraban al servicio de un gran señor, que los mantenía a cambio de sus servicios en la guerra, pero lo más habitual era que los caballeros fuesen lo suficientemente ricos en tierras para poder mantenerse por sí mismos.

ArmaduraEl ordenamiento de un caballero estaba marcado por un ritual, el cual recibía el nombre de espaldarazo o palmada, que fue haciéndose más complejo con el paso del tiempo. Así, en el siglo XII, solo era necesario que otro caballero, una vez que el aspirante había demostrado su maestría con las armas, le reconociese como caballero, lo cual hacía dándole un golpe con su puño o con el plano de la hoja de una espada en el hombro o la nuca y le llamaba "señor caballero"; entonces los nobles asistentes le colocaban las espuelas, lo que se asociaba al valor en las batallas. En el siglo XIII, el ritual era mucho más complicado; en primer lugar la Iglesia exigía que el escudero consagrara sus armas en un altar, que pasara la noche en vela orando y mantuviese ayuno, por último, debía tomar un baño ritual de purificación, jurar sobre los Evangelios y tomar la Comunión. Un ejemplo de la oración que recitaban los caballeros al ser ordenados es:

"Te suplicamos, ¡Oh Señor!, que escuches nuestras plegarias y te dignes bendecir con la mano derecha de Tu Majestad esta espada con la que éste Tu siervo desea ser ceñido, para que sea una defensa de las iglesias, viudas, huérfanos y siervos contra el azote de los paganos, para que infunda el terror a otros malhechores, y que sea justa tanto en ataque como en defensa".

Tras la ceremonia era frecuente que tuviesen lugar torneos y fiestas. Aunque en un principio este ritual alcanzó un mítico prestigio que hizo que muchos nobles se ordenasen caballeros, el hecho de que el recién armado caballero debiera comprarse la armadura y el caballo, además de correr con los gastos de la ceremonia, provocó que a medida que el cargo de caballero fue perdiendo importancia, cada vez fueron menos los que estaban dispuestos a correr con estos gastos. A mediados del siglo XIII, un caballero debidamente equipado debía tener un complicado yelmo que le cubriera toda la cabeza, una cimera (frecuentemente hereditaria) para distinguirse de otros guerreros, una visera cerrada y armadura para él y su montura. Asimismo, debía emplear ayudantes para servirle, como pajes y escuderos, por lo que, de las familias que pensaran dedicarse a la guerra como ocupación principal, solamente aquellos que tuviesen medios suficientes podían llegar a ser nombrados caballeros.

Por toda Europa se extendió el sistema de multar a los caballeros que no acudiesen a la llamada del soberano a las armas o no cumplieran su tiempo de servicio; en Inglaterra esta multa se convirtió en un impuesto de guerra, denominado redención de la azofra (prestación personal forzosa y gratuita con dinero), por lo que se produjo una disminución del número de caballeros a partir de la época del rey Enrique, en la que apenas existían terratenientes que cumpliesen los requisitos para ser investidos. A finales del siglo XIII, el total era probablemente inferior a 1.500, de los cuales solamente unos 500 eran capaces de participar en campañas.

Con el tiempo, los caballeros fueron obteniendo concesiones territoriales a cambio de sus servicios, territorios que consiguieron ir haciendo independientes.

El carácter y los ideales de la caballería estaban rodeados de un aspecto místico en el que se entremezclaban las cualidades de la nobleza, las virtudes cristianas y el amor cortés hacia las mujeres. El caballero ideal debía ser un hombre valeroso, leal, piadoso, recto en sus convicciones religiosas y generoso; debía poner su espada al servicio de los pobres y de los débiles y, especialmente, al servicio de las Cruzadas a Tierra Santa. Se creó de este modo la idea de Caballero de Cristo.

Armadura Gran CapitánDel mediodía francés procedió la idea de que un caballero debía servir a una dama (a veces prometida o casada con otro) a la cual él amaría apasionadamente, aunque sin esperanzas de ser correspondido.

En el siglo XV, la batalla de Azincourt marcó el declinar de los caballeros, al ser la caballería francesa destrozada por la infantería inglesa. Desde ese momento los caballeros fueron transformando su posición militar en un escalón más de la jerarquía nobiliaria. El título de caballero se convirtió en hereditario y fueron cada vez más escasos los que tuvieron derecho a reclamarlo. Puesto que aquellos pocos eran hombres poderosos y relevantes, las ideas e ideales de la caballería continuaron teniendo un fuerte atractivo en la sociedad, de este modo las ideas del amor cortesano se convirtieron en el Renacimiento italiano en una forma de vida de la burguesía patricia de Florencia.

La autoridad para conferir el título de caballero variaba en los diferentes países. Normalmente era el soberano quien tenía este poder, pero en muchas Órdenes militares el Gran Maestre estaba considerado como soberano y, por tanto, igualmente dotado del poder de otorgar el rango. Otros que poseían esta autoridad eran los príncipes reales, los comandantes de los ejércitos reales y las personas de elevado rango o posición en las que el soberano hubiese delegado; además, se concedió esta facultad a algunos obispos y abades en los siglos XI y XII.

Incluso los propios reyes podían ser armados caballeros, como sucedió en el caso de Eduardo II, armado por el conde de Lancaster; Eduardo VI, que lo fue por el señor de Somerset; Luis XI, por el duque de Borgoña; y Francisco I, por el caballero Bayard.

El título de caballero era reconocido en todos los países europeos y no solamente en el país que lo había designado. No obstante, un soberano podía restringir el rango, prioridades y privilegios conferidos a un caballero armado como tal en el extranjero.

El concepto del honor constituía la piedra fundamental del código caballeresco. La "palabra de honor" era el compromiso más solemne del caballero. La palabra dada por un caballero no podía ser retractada nunca.

En todos los países europeos en los que se sigue concediendo el título de caballero, éste constituye un honor otorgado por el monarca tanto a hombres como a mujeres, en reconocimiento a los méritos personales y en el ámbito de alguna orden de caballería. El título se antepone al nombre, tras el que se colocan las iniciales de la orden de caballería.

Caballeros en España

Arnés de Justa Carlos IEn la Corona de Aragón, recibían el nombre de cavallers y formaban el escalón más bajo de la jerarquía feudal, integrados por la pequeña nobleza, junto a los donzells y los infanzones. En las cortes aragonesas los caballeros e infanzones llegaron a constituir un cuarto brazo, mientras que en Cataluña y Castilla eran miembros del segundo junto a los grandes nobles. Fueron adquiriendo un carácter marcadamente rural. Su decadencia se inició bajo el reinado de los Austrias. Los pequeños nobles, arruinados, encabezaron frecuentemente las partidas de bandoleros que asolaron el reino aragonés y tuvieron un destacado papel en la revuelta de 1640, el denominado Corpus de Sangre.

En la Corona de Castilla el término caballero fue empleado de formas muy diversas desde los mismos inicios de la Edad Media. En primer lugar fue sinónimo de noble, al considerarse a éstos como profesionales de las armas; se diferenció a :

  • Caballeros cubiertos, que eran los Grandes de España, denominados de este modo debido al privilegio de no tener que descubrirse ante el monarca.
  • Caballeros de hábito, aquellos que pertenecían a alguna orden militar.
  • Caballeros de espuela dorada, aquellos que habían sido armados solemnemente como caballeros.
  • Caballeros de alarde, que solo poseían caballo y armas propias para ir a la guerra.
  • Caballeros villanos formaban un escalón intermedio entre nobles y villanos.
  • Caballeros de conquista eran aquellos que habían recibido tierras en pago por sus servicios en la Reconquista.
  • Caballeros mesnaderos eran los que descendían de los jefes de mesnada.
  • Caballeros cuantiosos eran aquellos nobles que tenían la obligación de defender las costas frente a los ataques de los musulmanes.

Se aplicaba el término de caballero en general a todos aquellos con dinero suficiente para mantener un caballo independientemente de que lo tuviesen o no y de que fueran o no nobles. Legalmente sólo se consideraba caballero al que había sido formalmente armado como tal, era por tanto una categoría que se adquiría por nombramiento y no por herencia, al menos así lo fue en un principio, ya que con el paso del tiempo, el título se hizo hereditario, igualándose a los hidalgos (éstos eran los que poseían de siempre el título por herencia), por lo que fue perdiendo el sentido militar original, hasta llegar a designar a todos aquellos hombres que poseían unas ciertas cualidades éticas que se ajustaban a los ideales de las clases dirigentes. En la actualidad es una mera cortesía que se aplica al término hombre.

 

 

© Pedro Adolfo Rodríguez Díaz. Febrero 2002