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La Falange Griega
Pedro Adolfo Rodríguez Díaz
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1.- Definición e introducción.
Formación habitual de combate en la antigua Grecia, la falange constituyó la táctica militar que llevó a los griegos a triunfar sobre los persas en las guerras médicas y a Alejandro Magno a extender su dominación hasta el valle del Indo.
La cuestión de los orígenes de la falange ha planteado numerosas controversias entre los estudiosos del ejército. Su concepción militar respondía al agon, la mentalidad arcaica relacionada con las competiciones atléticas y teatralizadas. La iconografía muestra que la organización en falanges hoplíticas era una realidad al menos desde mediados del siglo VII a.C., pero se desconoce si dicha organización de combate representó una revolución dentro de las tácticas bélicas seguidas hasta entonces, o si fue fruto de una evolución más larga sobre similares modelos arcaicos. En la actualidad se piensa que la táctica acabada de la falange hoplítica nació de los cambios sociopolíticos que tuvieron lugar en el seno de la ciudad-estado con el nacimiento de las tiranías. Según Aristóteles, la concepción militar de una etapa anterior, la de las primeras ciudades aristocráticas, había respondido a la táctica de la caballería y no a una organización que, como la falangista, tenía a la infantería como su principal baluarte ofensivo.
La organización de la defensa de las ciudades-estado en falanges eliminó a la casta de los guerreros profesionales. Mediante levas forzosas, toda la población masculina estaba implicada en la defensa de la polis. Había una igualdad absoluta entre los combatientes. Esta forma de organización, arcaica en cuanto a táctica (ya que tenía una movilidad muy limitada), resultó sin embargo revolucionaria en lo que respecta a sus consecuencias políticas: aunque sólo los que podían pagarse el armamento formaban parte de la falange, aquellos que contaban con esta posibilidad no pudieron soportar la contradicción entre la igualdad en el combate y la desigualdad en el reparto del poder político. Por ello, muchos de los logros y reivindicaciones del demos (pueblo) nacieron en las filas de las falanges.
2.- Organización interna de la falange.
A qué sistema táctico respondía la organización en falanges, es una cuestión de difícil resolución,
ya que son escasísimos los documentos que hablan sobre este asunto. Se sabe, sin embargo, que la
estructura interna de la falange era compleja. Existía una unidad básica, la fila: dos protóstatas (filas impares) y dos
epistatas (filas pares), formaban la enomotia. cuatro enomotias, una hilera; dos hileras, una diloquia; dos diloquias, una tetrarquia;
dos tetrarquias, una taxiarquia; dos taxiarquias, un sintagma.
Éste era un batallón que se alineaba, teóricamente, en formación cuadrada de dieciséis hombres por cada uno de
sus lados. Dos sintagmas formaban una pentacosiarquia; dos de éstas, una chiliarquia; dos chiliarquias, una merarquia; y, por
último, dos merarquias, formaban la falangarquia, cuerpo compuesto por cuatro mil noventa y seis hombres, divididos en doscientas cincuenta
y seis hileras de dieciséis hombres, es decir, dieciséis sintagmas, cada una con dieciséis hileras de dieciséis hombres.
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Casco Hoplita
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La falange ordinaria, que tenía de fondo dieciséis soldados, podía doblarse hasta alcanzar los treinta y dos o
dividirse para quedar en ocho. Dos falanges combinadas (difalangarquia) formaban un cuerpo de unos diez mil hombres, de los
que los ocho mil centrales componían el verdadero núcleo de combate. La cantidad de efectivos del frente de la falange no puede precisarse,
ya que no se conocen los intervalos ni distancias entre los distintos cuerpos que la formaban. Tampoco se conoce su
profundidad, aunque se piensa que ambos componentes variaban según el estratega. En la batalla de Leuctra (372 a.C.), por
ejemplo, las fuentes dicen que Epaminondas utilizó falanges de cincuenta hombres de fondo, frente a los doce que contaban las falanges lacedemonias.
Aunque algunos autores han sostenido que la falange, en rigor, debía tener doscientas cincuenta y seis hileras de dieciséis hombres, es probable
que no existieran normas fijas en cuanto a la disposición de los efectivos. Para "componer falange" sólo era necesario partir de la unidad básica
de la hilera e ir sumando hileras. Los historiadores de Alejandro, por ejemplo, llamaban falange indistintamente a la merarquia y a la
falangarquia. Parece, no obstante, que la falange nunca superó los doscientos cincuenta y seis soldados de frente y los dieciséis de fondo.
Con la adición de tropas accesorias, ligeras o irregulares, podía llegar a tener hasta seis mil soldados. El historiógrafo
Elianao cuenta que, en tiempos de Filipo de Macedonia, la falange no superaba los seis mil quinientos hombres, incluidos caballería,
infantería ligera, soldados aislados e impedimenta.
A pesar de la compleja subdivisión interior de la falange, su alta jerarquía era muy sencilla y contaba con escasos grados. Según Jenofonte, no había más que
tres clases: el general en jefe o estratego, que gobernaba la falange; el taxiarca o centurión, es decir, el oficial fuera de fila, que mandaba
sobre dos tetrarquias (ciento veintiocho soldados); y el hoplita o soldado raso. Cada división de la falange tenía un jefe inmediato: diloquita,
tetrarca, sintagmatarca, pentacosiarca, quiliarca, merarca y falangarca .
Los soldados que formaban el nervio o centro de la falange eran los hoplitas. Éstos llevaban casco de metal, gran escudo y, según las
épocas, coraza o loriga de cuero con mallas, espada corta y pica (llamada sarisa) de seis y siete metros, con el fin de que las
filas centrales sobresalieran sobre las primeras. Los hoplitas ocupaban al parecer unos dos metros dentro de la formación de la falange e
iban acompañados de sirvientes que les seguían en la carrera, portando las armas y demás bagaje. Estos escuderos se llamaban peltastas (por su
escudo característico, la pelta). Más abajo en el escalafón se encontraban los verdaderos soldados rasos, llamados psilites, que no portaban armas defensivas y constituían
la infantería ligera de primera línea, actuando como tiradores o jaculadores. El cometido de las hileras de psilites era proteger y cerrar el
nervio de la falange formado por los hoplitas.
La cohesión interna de la falange estaba muy relacionada con su arma defensiva por excelencia: el escudo hoplítico. Éste constituyó una innovación,
al tener que sujetarse con el antebrazo y no poder cargarse sobre la espalda, lo que impedía una rápida retirada. Por delante,
cubría la parte izquierda del cuerpo del hoplita y la derecha del compañero de fila. El escudo era, pues, el elemento básico de
la solidaridad hoplítica, ya que protegía el cuerpo de su portador y el de su compañero de hilera. Su uso eficaz obligaba a continuos entrenamientos
colectivos, así que las tropas de las falanges recibían una esmerada instrucción, en la que se hacía especial hincapié en la gimnasia.
Los distintos oficiales que formaban parte de la tropa y se alineaban con ella tenían la misma paga que
el soldado raso. Los asistentes que llevaba el hoplita a modo de escuderos recibían su paga del bolsillo de aquél. Del botín conquistado
por las falanges se hacían tres partes: una para el estratego, otra para la hacienda pública, y otra para quienes mayor fiereza hubieran mostrado.
La caballería se fue incorporando progresivamente a la táctica falangista. La influencia de la caballería persa desde la batalla de Platea, hizo
a los griegos incorporar jinetes al combate, si bien de manera poco importante. Nunca llegó la caballería a ser el elemento principal del ejército
heleno, debido quizás a la escasez de pastos del paisaje griego, que no permitía mantener una cabaña caballar suficiente. Cuando se utilizaba,
la caballería estaba dividida en tres cuerpos, llamados catafracta, griega y tarentina. Esta última era la más irregular
y ligera, y se componía de arqueros o flecheros a caballo. La división cuantitativa no está clara: parece ser que existían tagmas de
cuatrocientos caballos y drongos de dos mil, e ilas o escuadrones de sesenta y cuatro caballos al mando de un ilarca.
Cuatro ilas componían la tarentinarquia, cuatro de éstas la hiparquía o ephiparquia, y cuatro de éstas la epitagma de
cuatro mil noventa y seis caballos, en correlación con la falange de infantería.
3.- Evolución de la falange.
El momento que marcó el cenit de la falange hoplita clásica fue la batalla de Maratón, en
la que se combatió sin cuerpos auxiliares. Pero esto ocurrió en muy escasas ocasiones, porque cada vez más, las
falanges tuvieron que contar con la infantería ligera y, sobre todo, con el cuerpo semiligero de los peltastas, antes
de rendirse al modelo de la falange macedónica. Por otra parte, aunque el papel del factor sorpresa, de la improvisación y
de la movilidad fue creciendo en la táctica militar, la infantería hoplítica siguió siendo, incluso en las ciudades helenísticas,
el cuerpo noble por excelencia, y la táctica militar de uso obligado cuando existía un plan previo de combate.
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Composición del Syntagma
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Formación de instrucción de la Falange
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Formación de la Caballería
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Syntagma
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Ciudades-estado como Atenas y Lacedemonia tenían sus propias falanges, con su forma propia de ordenación táctica. La ateniense
y la macedónica fueron las formas más complejas y acabadas. La espartana era más sencilla, ya que sólo contaba con
cuatro subdivisiones: mora, lochos, pentecostys y enomotia. Las ciudades menos poderosas tenían con cuerpos de preferencia, que
formaban el núcleo de su ejército: la cohorte sagrada de Tebas, los mil de Argos o los eparitas de
Arcadia. La falange alcanzó su forma definitiva con la reforma del rey Filipo II de Macedonia, quien no modificó esencialmente la táctica de combate, pero
convirtió en permanente esta forma de organización, endureció la disciplina, aligeró el bagaje humano que arrastraba el
deplazamiento de las falanges y creó el argiráspides o Estado Mayor. Hacia 369 a.C. Filipo creó asimismo el
cuerpo de los pedhetairoi, campesinos libres que formaban el núcleo de la falange, vinculados de forma personal al soberano y sometidos a una estricta
disciplina militar. La efectividad de esta nueva organización alcanzaría su cénit con las guerras asiáticas de Alejandro.
La falange macedónica era en realidad una difalangarquia: las de Alejandro Magno contaban hasta trece mil hombres. Las amplias extensiones de terreno que encontró el emperador
en Asia le permitieron utilizar dos difalangarquias en su orden de combate (tetrafalangarquia). Los sucesores de Alejandro elevaron esta formación a 28.672 soldados, alineados
rígidamente por los tácticos, sin contar tiradores y arqueros sueltos. Estas tropas consistían en dieciséis mil trescientos ochenta y cuatro hoplitas, fuertemente armados y que constituían
las fuerzas de élite por excelencia de la falange; ocho mil ciento noventa y dos arqueros armados con mayor ligereza, y cuatro mil noventa y seis jinetes. El historiador
Diodoro nos ha dejado noticia de la revista de tropas que tomó parte en la campaña alejandrina de 334-333: había unos treinta y dos mil infantes, divididos en una falange de
nueve mil hombres y agrupados en batallones de base tribal, además de tropas ligeras y auxiliares y un cuerpo de caballería de unos seis mil jinetes.
Dentro de las falanges alejandrinas tenían gran importancia las unidades técnicas de ingenieros y bematistas, que reunían la información sobre las rutas a seguir, distancias,
posibilidades de acampada y obras para permitir el tránsito de semejante ejército. A la falange se añadían los hipaspistas, guardias de corps directamente vinculados al rey, reclutados
sin vinculaciones territoriales, que protegían los flancos de la falange y aseguraban su enlace con la caballería.
El sistema de falanges sería desbancado de la táctica militar por las legiones romanas, de mayor operatividad
y capacidad de improvisación. La derrota de Cynoscéfalos (197 a.C.) ante las tropas romanas marcó el inicio de su
decadencia, que llevó a su definitiva desaparición en la batalla de Pydna (168 a.C.).

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