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| Nobunaga consiguió tejer una inteligente trama de alianzas.Con su genio militar aplastó a los que se interponían en su camino. También se enfrentó abiertamente con los monjes budistas de Enryaku-ji del Monte Hiei, así como con los de Hongan-ji, que alardeaban de su independencia y poder. Quizá por oposición a los monjes budistas, Nobunaga favoreció a los misioneros cristianos, que empezaban a conseguir conversiones al oeste de Japón, permitiéndoles incluso la construcción de un seminario en Azuchi, cerca de su residencia. En 1582 Oda Nobunaga fue asesinado por uno de sus vasallos. Toyotomi Hideyoshi vengó su muerte, le sucedió y concluyó prácticamente la unificación del país. A su muerte dejó a su hijo de cinco años en el poder bajo la regencia de un consejo de cinco poderosos señores feudales. Pero de nuevo comenzaron las intrigas y Tokugawa Ieyasu acabó haciéndose con el poder. Ieyasu fue el último en apoderarse del gobierno, pero su hegemonía se consolidó firmemente logrando mantener su casa en el poder sobre una paz que duró más de dos siglos y medio. Este largo período es el denominado período Tokugawa o período Edo (1600-1868). |
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Evidentemente en una época de continuas luchas el protagonista es el mundo del guerrero. El modelo de samurai en el período Momoyama es el de un hombre rudo en la batalla, dispuesto a morir por el honor de la casa, hábil en los asuntos prácticos de la administración, pero ilusionado con la literatura y las artes. Practicaba la renga y el waka, composiciones poéticas, como pasatiempos, celebraba la ceremonia del té, pintaba a la tinta, hacía caligrafía y estudiaba textos confucianos y poesía china, a la vez que gustaba del diseño de jardines secos y de los arreglos florales.
Muchos de los rasgos de austeridad, sencillez y ausencia de brillo, presentes en el sentir del guerrero, se mantuvieron durante este período, pero conviviendo con el brillo de sus pinturas, lacas y vestimentas, su monumentalidad y su estilo heroico como si de las dos caras de la misma moneda se tratara. Quizá una explicación pudiera ser la dicotomía vivida por los grandes señores que marcaron los patrones culturales y artísticos, que sentían por un lado su vocación personal, y por otro la necesidad de manifestar su poder político y militar.
El principal símbolo cultural de la época y reflejo del poder de sus gobernantes era el gran castillo, con sus profundos fosos, imponentes muros, intrincados y desconcertantes recorridos y elevados torreones. Dos castillos, el de Oda Nobunaga en Azuchi, y el de Hideyoshi en Fushimi, el Momoyama, dieron su nombre al período que nos ocupa.
Hasta entonces los castillos no habían sido más que simples fortificaciones elevadas (yamajiro) construidas a modo de defensa sobre un montículo y protegido por montañas y ríos. Se edificaron también a lo largo del siglo XVI castillos en las llanuras que dominaban los valles fluviales, las encrucijadas y los campos de arroz. Al igual que en Europa, éste fue el origen de más de doscientas ciudades que se formaron alrededor de sus muros. Los nuevos castillos surgidos a finales del siglo XVI y principios del XVII, con sus enormes muros y sus impresionantes torres debían constituir una visión temible, autoritaria y simbólica del poder y la personalidad de los grandes señores de la guerra.
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El rasgo más sobresaliente del castillo es la torre del homenaje, tenshukaku, de cinco, seis, siete pisos, que se alza construida en madera y yeso sobre altos basamentos de piedra. El número de niveles reflejado en su exterior no suele coincidir con los pisos reales que encerraba en su interior. Se pretendía con ello, así como con complicados planos, muros imprevisibles, extraños ángulos, etc., no revelar los secretos del interior al enemigo.
El castillo de Azuchi, levantado por Oda Nobunaga, fue el primer castillo de grandes dimensiones y espléndida decoración. Las artes de la guerra se habían modificado y se requerían más hombres y más material, y por consiguiente una fortaleza mayor. Esta arquitectura tuvo su inspiración en los planos de los grandes castillos europeos que llevaron consigo los misioneros portugueses y españoles a Japón. Lamentablemente el castillo de Azuchi fue destruido en 1582 y no quedan de él más que las descripciones de lo que fue. El castillo de Himeji, o la Grulla Blanca, en la ciudad del mismo nombre, es el más hermoso de todos los conservados, y desde el punto de vista defensivo resulta formidable, aunque nunca fue puesto a prueba. El juego de sus niveles y el ritmo de sus aleros hacen de él una encantadora obra de arte. |
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Jefe militar japonés del periodo Azuchi-Monoyama. Nació en 1534 en el Castillo de Nagoya (provincia de Owari) y murió en Kyoto el 21 de junio de 1582. Gracias a su gran capacidad militar, consiguió unificar la mayor parte del país tras un siglo de guerras civiles.
Segundo hijo de Oda Nobuhide, miembro de la destacadísima familia Oda, era conocido en su infancia con el nombre de Kichihoshi. Una vez celebrada en 1546 la ceremonia por la que alcanzaba la mayoría de edad, participó ya al año siguiente en su primera expedición militar. A la muerte de su padre en 1551, se consolidó como señor del Castillo de Nagoya, lugar desde donde comenzó una campaña con el fin de extender sus dominios. Tras ocupar el Castillo de Kiyosu en 1555, trasladó allí su residencia y, con la conquista del Castillo de Iwakura en 1559, consiguió el control de toda la provincia de Owari. En 1560 tuvo que hacer frente a las tropas del señor de la provincia de Mikawa, quienes habían invadido las tierras de Nobunaga. Éste sorprendió a los intrusos en Okehazam y les infligió una severa derrota. Para asegurar su flanco oriental, se alió con un vasallo de Imagawa, Matsudaira Motoyasu. En 1567 se lanzó a la conquista de las tierras de Saito Tatsuoki, señor del oeste de la provincia de Mino, en cuyo castillo, rebautizado con el nombre de Gifu, estableció su nueva residencia. |
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