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Pedro Adolfo Rodríguez Díaz
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1.- Definición e introducción
Dícese del individuo perteneciente a un pueblo de navegantes
y comerciantes escandinavos, que llevó a cabo expediciones marítimas
por el Atlántico y Europa Occidental desde finales del siglo VIII
hasta principios del siglo XI .
La palabra vikingo, que apareció tanto en las lenguas escandinavas,
como en frisón y en inglés antiguo, parece derivar de la
raíz vik, "bahía". El término vino a significar
"pirata", y es posible que se relacionara a los hombres que
habitaban las bahías con aquéllos que se dedicaban a la
piratería. Pero la palabra tenía un matiz despectivo, y
no es apropiada para las empresas colonizadoras o estatales. Para el proceso
de las expediciones orientales, más continentales o fluviales que
marítimas, es más apropiado en término "vareo",
que designaba a los comerciantes, y que después extendió
su significado a los soldados aventureros. En los reinos cristianos medievales
se les conoció también como normandos, esto es, los hombres
del norte.
2.-Los pueblos escandinavos antes de la migración
Antes de que comenzara la gran emigración, los vikingos eran
un pueblo campesino, dominado por un estamento aristocrático rural
y militar, sin que existiera la noción de Estado, si bien había
una serie de dinastías reales en ciertas regiones. El regionalismo
era muy poderoso. Se tenía la idea de que existían tres
grandes nacionalidades escandinavas. Dinamarca nació en el siglo
VI, de la unión de los Jutos de la península y los daneses
de las islas y de la región de Escania. En Suecia se produjo la
fusión, alrededor del centro económico y religioso del Mälar,
de los pueblos de los Svear, al norte, y los Götar, al sur. Finalmente,
el llamado "camino del norte" (Nordhrvegr) dio origen a Noruega,
donde el poblamiento era muy disperso.
La clase aristocrática dirigente estaba compuesta por grandes
propietarios rurales, jefes de su linaje y de su cantón, que presidían
tanto la asamblea como la guerra. Estos jefes no reconocían a los
reyes más que una preeminencia solemne, sin autoridad práctica
alguna. Eran además sacerdotes del santuario local. Su residencia,
según muestran las tradiciones de las sagas y los vestigios arqueológicos,
contaba con una gran sala rectangular de madera con hogar central. El
jefe se sentaba en un trono y recibía allí a sus huéspedes
en los grandes banquetes. Al mismo tiempo, dirigía la explotación
de sus tierras, en las que trabajaba mano de obra servil. En caso de guerra
naval, el jefe y sus hombres fieles se reunían para construir y
equipar uno o más navíos. En algunas regiones, cuando el
jefe moría se le enterraba en uno de estos barcos, en tierra y
cubierto por un gran túmulo, a veces rodeado por gran número
de esclavos. Las asambleas regionales de los jefes y sus vasallos, que
se celebraban al aire libre, eran la única autoridad política
y normalmente iban acompañadas de festividades religiosas.
De las asambleas emanaba la ley, que conservaban de forma oral algunos
notables. La independencia de los grupos locales y de sus jefes era casi
total, especialmente en Noruega.
El rey vikingo era nombrado, como en la tradición de todos los
pueblos germánicos, por una combinación entre elección
y herencia dentro del seno de un linaje. Era responsable, de forma más
sobrenatural que efectiva, del bien público en general, y para
ello desempeñaba diversos ritos. Era árbitro y pacificador,
pero nunca legislador; convocaba al ejército y a la flota y recibía
a los embajadores de otros soberanos. Por lo demás, se comportaba
igual que el resto de los jefes locales y era también enterrado
en un túmulo.
Entre
los svear de Uplandia y los noruegos meridionales hubo dos dinastías
homónimas, los Ynglingar, que gozaron de una gran prestigio y estabilidad.
En Dinamarca la realeza fue más inestable y estuvo menos ligada
a un linaje y a un lugar. No se conocen, fuera de las tradiciones literarias
tardías, ni la capital ni el cementerio real daneses, hasta que
a principios del siglo X apareció la dinastía de los Jelling,
en el interior de Jutlandia.
Entre los propietarios rurales y el rey había un nivel intermedio,
el de los jefes regionales (jarl), cuyos cargos eran hereditarios, y que
contaban con un poder equivalente al de los reyes. Según parece,
el movimiento vikingo partió de este estamento de propietarios
rurales y de los jefes regionales. En Noruega y Suecia, antes del siglo
XI, la realeza no tuvo un interés más que indirecto en el
movimiento expansivo. La emigración fue un medio eficaz para librarse
de los aristócratas y propietarios más levantiscos, y un
medio de garantizar la paz desviando hacia el exterior las ambiciones
aristocráticas. La tradición literaria islandesa, por ejemplo,
enlaza la partida de los principales jefes del oeste de Noruega con el
esfuerzo unificador del rey Harold el de los hermosos cabellos. Es posible
que los pobladores que viajaron a Islandia pertenecieran a los linajes
que se oponían a esta política de unificación. En
cambio, la realeza danesa se interesó desde el principio por la
expansión marítima y a menudo sus miembros dirigieron personalmente
expediciones. Sin embargo, este interés decreció precisamente
en el momento de mayor auge de las conquistas, desde mediados del siglo
IX a mediados del siglo X.
La economía de los pueblos vikingos antes de la emigración
era eminentemente agrícola. En Dinamarca el cereal ocupaba el primer
lugar de la producción, mientras que en Noruega era la cría
de ganado lechero semitrashumante la principal actividad económica.
Hasta el siglo IX no hubo ciudades, aunque algunas poblaciones estaban
en cierta medida especializadas en el comercio. La aparición de
los primeros núcleos urbanos fundados por comerciantes extranjeros,
sobre todo frisones, coincide en el tiempo con las primeras incursiones
vikingas.
La actividad comercial de los pueblos escandinavos en esta época
era muy limitada. Se practicaba el trueque y a la producción artesana
y no se conocía la moneda. Los primeros centros de comercio en
Suecia (Birka) y Noruega (Skiringssal) estaban bajo vigilancia de los
reyes. En Dinamarca, el principal centro de trata, Hedeby, situado en
la frontera, fue disputado por los soberanos daneses y alemanes, y finalmente
fue sometido por un jefe sueco. En estos centros se comerciaba con las
primeras riquezas obtenidas en las expediciones ultramarinas, pero el
impulso inicial del comercio escandinavo no se conoce.
Respecto a la vida cultural de los pueblos escandinavos, se conoce muy
poco de ella antes de la era de los vikingos. La tradición rúnica
data al menos del siglo III, pero las principales inscripciones son de
los siglos X y XI. Los poemas más antiguos son de la segunda mitad
del siglo IX, época del padre de la tradición literaria
escáldica, Bragi el Viejo. Parece sin embargo que estos pueblos
contaban con una tradición literaria prolongada y de gran refinamiento,
pero su mayor florecimiento se produjo tras la emigración vikinga,
al entrar la cultura escandinava en relación con otras culturas
que la enriquecieron. La literatura escáldica, sin embargo, es
de una extrema originalidad y complejidad. Los Edda son un conjunto de
poemas mitológicos y épicos transcritos en Islandia hacia
1270, conservados en un solo manuscrito, el Codex Regius de Copenhague.
Su estudio ha demostrado que muchos de ellos se compusieron en épocas
más antiguas y que se transmitieron oralmente desde Noruega hasta
Islandia. Fueron influidos por las tradiciones poéticas celtas
y por el cristianismo. No constituyen sin embargo una fuente fiable para
el conocimiento de la historia escandinava.
La religión de los pueblos escandinavos estaba fragmentada en
diversos cultos nacionales, que tenían lugar en algunos grandes
templos, como el de Uppsala, con ritos en los que participaban los soberanos
y en cuyo transcurso parece que se practicaban sacrificios humanos.
Existían innumerables cultos regionales y locales, dirigidos por
la aristocracia rural, y cultos familiares, probablemente los más
extendidos, que se practicaban en banquetes campestres, con sacrificios
animales y libaciones en común. El panteón constaba de un
pequeño número de grandes divinidades: Odín, el dios
de la guerra y la sabiduría; Tor, el dios de la tormenta, que ocupó
un lugar preeminente desde el siglo IX; Freyr, dios de la fecundidad,
y su compañera Freyja, que eran las figuras más populares
y las únicas de las que se han encontrado representaciones figuradas.
Otros, como Baldur, dios de la juventud; Loki, una divinidad maléfica,
o Heimdall, el vigilante de las puertas del cielo, eran más personajes
míticos que dioses a los que se dedicara una auténtica devoción.
Había además un gran sustrato de personajes semidivinos:
trolls, valquirias, elfos, etc.
3.- La primera oleada vikinga
3.1.- El inicio de la diáspora vikinga
Durante el siglo VII se produjo un largo periodo de paz en las regiones
escandinavas que hizo posible el aumento de la población, especialmente
en Noruega. Los contactos comerciales con otros pueblos de Occidente llevaron
a estas regiones el uso de la navegación a vela. Pero además
se produjo una gran efervescencia inventiva: en la construcción
naval, se añadieron las bordas sobrepuestas, apareció la
quilla y el uso del remo-timón, se avanzó en la astronomía
náutica y en la escritura rúnica, que en esta época
acusó una gran renovación. Fue una fase muy dinámica
que marcó el inicio de la era de los vikingos.
La expansión de los pueblos escandinavos tuvo formas muy diversas
a lo largo de los siglos VIII y IX. La mayor parte de las veces fue un
movimiento agresivo y de carácter individualista, cuyo objetivo
era la consecución de botín. Pero fue también un
movimiento agrícola y ganadero, que buscó el cultivo de
las tierras de Escandinavia y de ultramar. Al final del periodo, adquirió
la forma de empresa política, de prevención, represalia
o conquista, llevada a cabo por ejércitos organizados y dirigidos
por príncipes. A veces fue un movimiento comercial, pero parece
que esta vertiente tuvo menos importancia que la aventurera.
El mundo escandinavo manifestó, desde principios del siglo VIII,
las primeras tendencias a una expansión en dos direcciones. Los
suecos fundaron factorías en la costa oriental del Báltico,
mientras que los campesinos noruegos iniciaron la colonización
de los archipiélagos del norte de Escocia. Pero sólo a fines
de ese siglo se estableció el contacto, a menudo violento, entre
los escandinavos y otros pueblos que conocían la escritura. Entre
786 y 796, Inglaterra sufrió ataques escandinavos en sus costas
del nordeste y sudoeste. Hacia 795 fue atacada también Irlanda
y, desde 799, la Galia fue objeto de las incursiones vikingas. Parece
que estas primeras expediciones procedían del ámbito noruego.
Unos años después, los daneses iniciaron en el territorio
de Slesvig su expansión a expensas de los francos instalados en
Sajonia. Estas incursiones danesas fueron en principio terrestres, y sólo
hacia 810 se convirtieron en marítimas. Hacia 839, los suecos habían
ya atravesado las estepas rusas y se dirigían hacia territorio
bizantino. Esta primera oleada se prolongó hasta 930.
3.2.- Primera oleada y fundación de Estados
vikingos
Los distintos pueblos escandinavos desarrollaron formas características
de expansión, si bien nunca fueron exclusivas. Los noruegos operaban
en pequeños grupos y se consagraron a dos actividades: el pillaje
y la búsqueda de tierras de colonización agropecuaria. Su
ruta predilecta partía de la región de Bergen, dirigiéndose
al oeste, hacia las islas Shetland. Desde allí se ramificaba: una
rama bordeaba la costa oriental de Escocia y de Inglaterra, mientras que
la rama principal se dirigía por las Orcadas y las Hébridas
hacia Irlanda y después hacia la Galia occidental, España
e incluso el estrecho de Gibraltar. En el siglo IX se dio entre los noruegos
un nuevo flujo hacia el noroeste desde las Shetland, que llegaba hasta
las islas Feroes, y de allí hasta Islandia. En el siglo X, alcanzaron
Groenlandia y las costas americanas. Los daneses, más organizados,
a menudo dirigidos por un príncipe de linaje regio, buscaron también
botín y tierras, pero en forma de grandes concesiones más
que de establecimientos individuales. En sus conquistas occidentales se
comportaron como señores más que como campesinos. Sus expediciones
tuvieron a menudo un carácter político y fueron minuciosamente
preparadas. Su ruta principal partía de Slesvig, recorría
la costa sur del mar del Norte, y desde allí se bifurcaba, con
una rama hacia el este de Inglaterra y otra hacia el canal de la Mancha
y la costa atlántica de la Galia. Era ésta en buena medida
la misma ruta de los comerciantes frisones. Al igual que éstos,
los daneses remontaban los ríos hasta donde podían navegar
con sus embarcaciones, para después penetrar en el interior y dedicarse
al pillaje.
Entre los varegos suecos tuvo menos importancia la colonización
agrícola que entre el resto de los pueblos escandinavos. Los varegos
se dedicaron principalmente al comercio y al servicio militar como mercenarios,
así como al pillaje, aunque de forma menos agresiva que los daneses.
Se establecieron en la orilla oriental del Báltico, desde el Vístula
al golfo de Finlandia, y trataron de traficar. Penetraron en el continente
por el cauce de los ríos. Sus primeros itinerarios se dirigieron
al norte y al este. Desde el Duina y el Voljov, llegaron a la cuenca del
Volga, que remontaron hasta el mar Caspio. A mediados del siglo IX se
convirtieron en sus rutas más importantes las occidentales del
Voljov, el Duina o del Vístula al Dniepper. Hacia 860 llegaron
al Bósforo. Los varegos tenían una mayor organización
y encuadramiento que los daneses y noruegos, gracias a los cuales impusieron
su dominación en las estepas rusas y formaron colonias militares
en sus principales ciudades.
3.3.- La resistencia occidental a las incursiones
vikingas
Fue la Europa occidental la que sufrió más violentamente
la expansión vikinga. Los vikingos actuaban por sorpresa y atemorizaron
a la población con su ferocidad. Su dominio del mar les permitía
enfrentarse a los pueblos con una evidente superioridad táctica.
La actitud de los jefes locales era comprar treguas a los vikingos, que
por lo general estos no respetaban.
En
Inglaterra, Alfredo el Grande (871-899) logró preservar su reino
a cambio de librar la mitad nordeste de la isla al jefe danés Guthrum
en 878 (territorio que se convertiría en el llamado Danelaw, "país
de la ley danesa"). Éste fue el único rey que organizó
una resistencia eficaz contra los vikingos. Emprendió la construcción
de una flota que rivalizó con los daneses en el mar, reorganizó
el reclutamiento de su ejército y construyó una red de puntos
fortificados a lo largo y ancho de su reino que evitó el avance
de los daneses desde el Danelaw. En el siglo X, el reino inglés
emprendió la reconquista de los territorios daneses y se llegó
a una monarquía binacional anglodanesa.
En el continente, sólo Germania logró con cierta eficacia
rechazar los envites vikingos debido a la mayor organización de
su autoridad regia. Los daneses ocasionaron grandes devastaciones en los
puertos, como en el de Hamburgo en 845, pero no consiguieron penetrar
profundamente en el interior.
En la Galia, en cambio, los normandos tuvieron una enorme libertad de
acción. Carlomagno intentó crear una flota de defensa costera
para defenderse de los ataques del norte. Su sucesor, Carlos el Calvo,
trató de cerrar los ríos mediante puentes fortificados,
pero la indiferencia de los grandes señores francos impidió
la puesta en práctica de esta medida. El 15 de agosto de 856, una
flota danesa remontó el Sena, saqueó Ruán y estableció
su campamento fortificado en una isla cercana a Nantes, Jeufosse. Desde
este enclave, en enero de 857, arrasaron París y pidieron rescate
por la abadía de Saint-Denis. En junio de ese año llegaron
a Chartres y poco después mataron al obispo de Bayeux. En julio
de 858, Carlos el Calvo consiguió bloquearlos en la isla de Jeufosse,
pero tuvo que retirarse tres meses después ante el ataque de su
hermano Luis. En 859 los daneses arrasaron Noyon, asesinando a su obispo;
más tarde hicieron lo mismo en Beauvais. En 860 Carlos el Calvo
quiso contratar como mercenarios a los vikingos del Somme para luchar
contra los del Sena, pero no consiguió dinero suficiente. Al año
siguiente, Carlos consiguió por 5000 libras que el grupo vikingo
del Somme pusiera sitio a la isla de Jeufosse y mediante un pago de 6000
libras el rey obtuvo la promesa de retirada de éstos. Pero los
vikingos no se retiraron. Carlos trató entonces de tenderles una
emboscada reedificando el puente de Trilbardou, pero fue incapaz de aniquilarlos.
Tuvo que pactar con ellos su repliegue hacia Bretaña. Mientras
tanto, numerosos grupos vikingos realizaron incursiones por el Rin, el
Somme, el Loira, el Garona y hasta el Ródano.
3.4.- Los resultados de la expansión
noruega
El movimiento de expansión de los noruegos tuvo un carácter
mucho más aventurero que sistemático. Rara vez profundizaron
en la colonización y a menudo abandonaban territorios cuyo control
habían obtenido recientemente. Organizaban temporalmente, mientras
duraba la guerra de conquista, pequeños principados militares.
Cuando se acababa con el peligro militar, estos principados se disolvían
en la anarquía aristocrática.
La colonización de las islas Shetland y de las Orcadas durante
el siglo VIII, tras la conquista del "país del sur" (Sutherland,
el norte de Escocia), fue obra de reducidas bandas que eliminaron con
facilidad a los pobladores pictos o los asimilaron. Hacia 860 los noruegos
organizaron un principado que tenía las Orcadas como centro, acaudillado
por un linaje de jarls de Noruega occidental. Este principado fue núcleo
de un vigoroso renacimiento cultural. Desde aquí, los noruegos
saltaron hacia el sudoeste, dirigiéndose a las Hébridas
y a la isla de Man. En estas regiones la civilización celta era
demasiado fuerte como para ser eliminada y surgió un cultura mixta,
con un arte de gran originalidad. Man fue densamente colonizada y se convirtió
en centro de un pequeño reino noruego que tenía bajo su
dominio a las Hébridas. Aquí, la dinastía fundada
por Godred Crovan en 1079 subsistió hasta 1266.
Posteriormente llegaron a Irlanda. Las primeras incursiones fueron actos
de pillaje y tuvieron como objetivo los monasterios de la costa irlandesa.
Hacia mediados del siglo IX parece que los noruegos comenzaron a desarrollar
una ambiciosa política de conquista. Establecieron enclaves costeros
de apoyo. Ocuparon Dublín en 836, ciudad que se apresuraron a fortificar,
y Limerick, situada en la desembocadura del Shannon, que fue su principal
vía de penetración hacia el interior. Hacia 843 un jefe
noruego llamado Thorgestr prentendió dominar toda la isla e instaurar
un paganismo violento. Posteriormente decayeron estos proyectos y tras
la muerte de Thorgestr se estableció la convivencia pacífica
entre noruegos e irlandeses. A mediados del siglo IX las crónicas
irlandesas hablan por vez primera de la existencia de un grupo de mestizos
bilingües, los Gall Gaidil, "irlandeses extranjeros". Desde
872, los noruegos se contentaron con establecer ciudades-estado a lo largo
de la costa, sin conexión con el territorio interior ni entre ellas.
A esta red pertenecen las principales ciudades irlandesas: Dublín,
Wexford, Waterford, Cork y Limerick. Los noruegos abandonaron la colonización
sistemática del interior del reino, pero hubo algunos enclaves
agrícolas y pastoriles noruegos en el Lancashire. Se produjeron
enfrentamientos continuos entre los reyes irlandeses y los reinos noruegos
de la costa, aunque en realidad no se trató de guerras de nacionalidades,
pues irlandeses y noruegos estaban unidos a menudo por el forestage o
adopción, y los mercenarios noruegos formaban ambos ejércitos.
De esta época datan algunos héroes de las tradiciones tanto
irlandesa como noruega, como Brian Borama, cuya muerte en la batalla de
Clontarf de 1014 puso fin al esplendor del reino noruego de Dublín.
En los puertos fueron decayendo progresivamente los estados noruegos,
que pervivieron hasta la invasión de Guillermo de Normandía
en 1171.
Irlanda debe a los noruegos grandes aportaciones económicas: la
mayoría de sus ciudades y las primeras monedas, acuñadas
por Sihtric el de la Barba de Seda, rey de Dublín del siglo XI,
además de la aportación de sus conocimientos naúticos.
Sin embargo, en lo cultural, el paso de los noruegos acabó con
el esplendor del monarquismo irlandés, que perdió su dinamismo
evangelizador.
En el continente, las incursiones de los vikingos noruegos fueron empresas
de piratería que no dejaron huellas de colonización en las
regiones a las que afectaron: el Loira, el Garona y el golfo de Gascuña.
En 844 los noruegos protagonizaron una gran expedición remontando
el Guadalquivir hasta Sevilla, que fue saqueada. Entre 859 y 862 penetraron
en la costa marroquí, en el Ródano y en Italia, y en 1013-1015
el rey Olaf dirigió expediciones en las costas de Galicia y Aquitania.
Al norte de las islas Shetland, las expediciones noruegas no tuvieron
carácter militar. Las Feroes fueron colonizadas a principios del
siglo IX. Una tempestad llevó a los primeros pobladores noruegos
a Islandia, hacia 860, y su colonización comenzó una década
después. A Islandia emigraron linajes de aristócratas noruegos
amenazados por la unificación monárquica de Noruega. A lo
largo del siglo X, estos linajes, con sus clientes y sus esclavos, se
dedicaron a la explotación ganadera de la isla y edificaron una
sociedad peculiar con un gobierno republicano. El Libro de la colonización
(Landnamabok), que recogió a fines del siglo XII las tradiciones
relativas a estos primeros colonizadores, permite suponer que fueron unos
veinte mil los colonos llegados a Islandia desde Noruega. Islandia se
convirtió en un centro cultural de primera magnitud y su literatura
es quizás la más importante del occidente medieval.
La movilidad de los colonos noruegos entre todos los puntos de la esfera
de expansión noruega fue enorme y los intercambios continuos. Se
dieron profundas influencias entre noruegos e irlandeses, por ejemplo
en el terreno de la poesía. Sin embargo, los intercambios económicos
fueron menos fuertes. Las diversas colonias noruegas tendían al
autoabastecimiento y sólo Islandia, deficitaria en grano y madera,
sostuvo relaciones comerciales más fluidas.
3.5.- La expansión de los varegos suecos
Los resultados del movimiento expansivo de los suecos durante la primera
oleada es poco conocido. Los puntos de partida de las expediciones fueron
los establecimientos mercantiles de Curlandia. Los primeros contactos
de los varegos con los bizantinos se produjeron en 839, en el mar de Azov
y, hacia 864-884, contactaron con los musulmanes en la región de
Tabaristán. Se desconoce en qué condiciones atravesaron
los dominios de las poblaciones ugrofinesas de la región del Ladoga
y los territorios eslavos de Rusia media y turcos del bajo Volga. Se desconoce
asimismo cómo consiguieron ocupar las ciudades que convirtieron
en núcleos de su comercio.
Es probable que los suecos se convirtieran en jefes políticos
a raíz de su contacto con las instituciones de pueblos turcos como
los jázaros. Puede deducirse también que se introdujeron
en las ciudades eslavas como mercenarios que, posteriormente, se hicieron
con el poder, fundando dinastías en cada gran ciudad. Una de ellas,
Kiev, situada en la ruta principal entre el mar Negro y Bizancio, adquirió
la hegemonía y unificó progresivamente a las ciudades varegas.
Los suecos no formaron en ningún momento poblaciones compactas,
pero influyeron enormemente en el ejército y el comercio.
Los varegos se introdujeron asimismo en Bizancio como mercenarios y formaron
una "guardia varega" que sirvió al emperador griego durante
los siglos X y XI y que prestó sus servicios en otros territorios,
como Sicilia o Apulia. Los varegos se dirigieron también hacia
Bagdad como comerciantes o como piratas, pero sus expediciones no pasaron
de la ribera sur del Caspio y Uzbekistán. Parece que los contactos
culturales entre suecos y eslavos fueron muy escasos.
3.6.- El dominio danés
Las incursiones danesas desarrollaron una estructura que presenta tres
fases: una primera de pillaje, con el establecimento de bases en la costa,
a partir de las cuales se realizaban expediciones remontando el curso
de los ríos hacia el interior y que concluía con grandes
expediciones muy alejadas ya de la costa, que exigían invernar
en un refugio fortificado. La segunda fase se iniciaba cuando los daneses
chocaban con estados organizados. En esta fase utilizaban la violencia
para amedrentar a la población y obtener sustanciosos tributos
(danegelds). Pero la explotación excesiva de las poblaciones indígenas
y las devastaciones vikingas llevaban a los países a un límite
de agotamiento a partir del cual resultaba imposible obtener más
tributos o rescates. Entonces comenzaba la tercera fase, con la explotación
directa de los territorios. Los ejércitos vikingos conquistaban
el país, lo encuadraban y fundaban un Estado. Intentaban obtener
la legitimación del derecho público local, acordada con
el soberano indígena, cuya condición solía ser el
bautismo, que los daneses aceptaban sin entusiasmo. A menudo se daban
también condiciones políticas: aceptación del régimen
feudal o colaboración militar contra la incursión de otras
bandas vikingas. Esta tercera fase se dio con cronologías diferentes
en las distintas regiones. Por ejemplo, en la región del Sena las
primeras incursiones danesas se produjeron hacia 810, el cobro de tributos
empiezó en 845 y el tratado de Saint-Clair-sur-Epte, que concedía
Normandía al vikingo Rollón, en 911. En Inglaterra, en cambio,
la fase de fundación de estados normandos se inició en 876.
El establecimiento de los estados daneses tuvo consecuencias positivas
para la Europa occidental, si se excluyen las devastaciones que causaron
durante la primera fase de rapiña; así, los vikingos recogieron
la herencia política inglesa y carolingia y la perfeccionaron hasta
crear las formás más acabadas del Estado medieval. Por otra
parte, revivificaron el comercio y expandieron sus límites, lo
que produjo la puesta en circulación de los metales preciosos atesorados
durante la temprana Edad Media.
Este proceso fue, sin embargo, lento. Los ejércitos vikingos sólo
estaban ligados a su jefe temporalmente por la llamada "ley del ejército",
que los sometía un jefe electivo, el "rey del mar". Las
bases jurídicas para la fundación de un Estado estable se
tomaron de las tradiciones de los pueblos conquistados. La mayor parte
de los estados creados por los daneses no superaron esta evolución.
Sólo el ducado de Normandía lo conseguiría, gracias
a la adaptación de las instituciones francas.
4.- La segunda oleada vikinga y el final del movimiento de expansión
Hacia 930, la primera expansión vikinga pareció agotarse
tanto en Occidente como en Oriente. Hubo aún algunas incursiones
de rapiña aisladas, pero cesó la fundación de colonias,
desaparecieron numerosos establecimientos y la mayor parte de los que
quedaron perdieron su autonomía. Fue esta la época de mayor
avance de la cristianización entre los vikingos de los distintos
ámbitos y, con ello, de asimilación a las poblaciones locales.
Pero hacia 980-990 se produjo una nueva irrupción vikinga que
inició la segunda gran oleada migratoria. Fue un proceso mucho
más breve que el anterior, que se agotó hacia 1030 y con
un ámbito también más reducido: sólo afectó
al noroeste y al sudeste de Europa. Las causas de este movimiento son
inciertas. Sólo la expansión de los daneses tiene su origen
claro en el establecimiento durante la primera mitad del siglo X de una
realeza hereditaria que creó un poderoso ejército de organización
muy estricta y que reportó a los daneses una gran superioridad
bélica. Pero no se produjeron cambios demográficos o naúticos
relevantes.
5.- El imperio danés
Los daneses se lanzaron contra Inglaterra en 980, cuando los piratas
vikingos reaparecieron en las costas inglesas. Londres fue tomada en 994.
En principio, los reyes ingleses se avinieron a pagar tributos, pero en
1002 una gran matanza de daneses ordenada por el rey Etelred II supuso
el inicio de una cruenta guerra. El rey danés Sven emprendió
una conquista sistemática de Inglaterra, que continuó su
hijo Canuto el Grande desde 1016. Así se fundó un gran imperio
danés, que dominó todo el mar del Norte, incluidas Noruega
y el sur de Suecia. Canuto el Grande tomó de la Iglesia anglosajona
el ideal político necesario para el encuadramiento de su imperio.
A pesar de que la conquista de Inglaterra fue precedida por diez años
de guerra sangrienta, Canuto fue aceptado por la mayoría de los
ingleses como rey. La nueva monarquía respetó personas y
bienes; no desarrolló colonización rural y sólo acudieron
a Inglaterra unos pocos daneses que formaron la guardia real y la curia
regia. La mayor parte de las tropas que habían tomado parte en
la conquista fueron devueltas a Dinamarca. El rey residía en Londres
o en Winchester, y el antiguo territorio del Danelaw no gozó de
privilegios especiales.
Sin embargo, Canuto murió joven (1035) y sus hijos no consiguieron
mantener su reino inglés. En 1042, Eduardo, hijo del rey Etelredo,
subió al trono restaurando así la dinastía anglosajona.
En Normandía, a partir de 950, se produjo una importante reconstrucción
interna. El país se benefició de la conquista danesa de
Inglaterra, ya que el botín solía ir a parar al puerto de
Ruán para su liquidación comercial.
Sin embargo, los duques normandos contemplaron con recelo la expansión
de la dinastía danesa y apoyaron activamente a la resistencia anglosajona.
Los normandos dirigieron la campaña que permitió la restauración
en el trono de Eduardo el Confesor en 1066.
Sin embargo, el nuevo rey murió poco después. Para el ocupar
el trono había tres candidatos, todos ellos descendientes de la
aristocracia danesa. Harold, descendiente de un linaje cercano a la dinastía
de Canuto, ocupó el trono, pero su hermano Tosti, gobernador de
Northumbria, se alió con el príncipe Harold el Severo, antiguo
jefe de la guardia varega en Constantinopla, quien desembarcó en
1066 en Inglaterra. Fue vencido en Stamfordbridge. Finalmente, el tercer
pretendiente era Guillermo de Normandía, descendiente del duque
Rollón y primo de Eduardo el Confesor.
El 14 de octubre de 1066 derrotó al rey Harold en la batalla de
Hastings, instaurando la dinastía normanda en Inglaterra. En 1070
Guillermo emprendió la conquista del territorio del Danelaw, que
había alentado una expedición del rey danés Sven
Strindsen contra Inglaterra. Guillermo asoló ferozmente el antiguo
territorio danés, incorporándolo a la unidad inglesa.
6.- La segunda expansión noruega
El movimiento noruego fue muy disperso. Los noruegos atacaron Irlanda
desde 980 hasta 1014; en la Galia, se produjeron incursiones desde el
año 1000 por el Loira y el Garona. La expansión noruega
afectó en mayor medida a la Península Ibérica, donde
se registraron numerosas incursiones de importancia: contra Santiago de
Compostela en 968, contra al-Andalus en 966 y 971 y contra la costa arturiana
en 1013.
Pero el movimiento noruego tuvo mayor peso en el ámbito noroccidental.
En 981 descubrieron Groenlandia, que fue colonizada desde 985 por el islandés
Erik el Rojo. La explotación ganadera de la zona costera habitable
de esta enorme isla permitió la subsistencia de una colonia noruega
hasta el siglo XIII, en que una gran ola de frío asoló sus
poblaciones, que desaparecieron definitivamente en el siglo XV.
Hacia el año 1000, los noruegos-islandeses alcanzaron el continente
americano por una región, probablemente en el Canadá actual,
a la que llamaron Vinlandia. Sin embargo, una tentativa de poblar este
territorio fracasó y se perdió el recuerdo de estas tierras
occidentales.
7.- La segunda expansión sueca
Los suecos volvieron a dirigirse hacia Oriente en las primeras décadas
del siglo XI. Hacia 1040 una gran expedición del rey Ingvar penetró
en las estepas rusas hacia el Asia musulmana. Esta expedición fue
fallida y, aunque hubo otras hacia Kiev o Bizancio, las incursiones suecas
del siglo XI fueron mucho más tímidas que las del periodo
anterior, cesando en el último tercio del siglo XI.
Los
últimos estertores de la segunda oleada vikinga no acabaron hasta
comienzos del siglo XII. Daneses y noruegos perdieron en este proceso
su dinamismo bélico, su prestigio y sus apoyos en Occidente. Los
vikingos cambiaron su hábito de feroces piratas por el de enfervorecidos
peregrinos, participando activamente en la Cruzada. Bajo el signo de la
fe cristiana, daneses y suecos se lanzaron también a la conquista
de los pueblos del Báltico, hacia Pomerania, Estonia y Finlandia.
Pero lo más importante de esta etapa fue la edificación
de Estados monárquicos normandos firmemente apoyada por la Iglesia,
tanto en Escandinavia como en los países colonizados por la diáspora
normanda, como Sicilia, culminando así el proceso de incorporación
de los antiguos piratas vikingos a la civilización cristiano-occidental.
8.- Arte Vikingo
Los vikingos de Escandinavia y Dinamarca desarrollaron, desde el siglo
V, una cultura, que en sus manifestaciones artísticas, se extendió
por Europa alcanzando su máximo apogeo en el siglo VII.
Las mejores manifestaciones que se conservan son de arquitectura, en
la que utilizan un sistema adintelado, utilizando de forma sistemática
la madera como material constructivo. Los edificios se caracterizan por
presentar grandes salas, tejados muy apuntados y formato de pirámide.
Entre los restos conservados, destaca la iglesia de Borgund del siglo
XI o XII.
En escultura utilizaron curiosos elementos decorativos con entrelazados
y estilizaciones zoomórficas. Esta decoración se utiliza
preferentemente para decorar los navíos que, según las costumbres,
sirvieron de tumbas. El mejor ejemplo es el Navío de la reina Asa,
en Oseberg, conservado en el Museo de Oslo. Como orfebrería destacan
las espadas con botón terminal y anillos en el centro de la empuñadura.

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