Andrea Miniaturas
54 mm.

 

 

Historia

Los origenes de los torneos y justas se remontan a los inicios del siglo XI.

La palabra "tornear", se refiere a que en los inicios, los combatientes giraban alrededor de un círculo simulando una batalla, bien fuesen dos o varios los participantes.

Pronto, como actividad que reunía todos los componentes de un espectátulo: emoción, rivalidad, apuestas, colorido y oportunidad de relación social y evasión de los problemas cotidianos...tuvo gran aceptación entre las clases populares.

Hacia el siglo VI, el duelo se había introducido en la cultura cristiana y en el medievo ya existía el "duelo judicial".
Antiguo medio de prueba, originario de tribus germánicas que consistía en que el agraviado o acusado tiraba un guante a los pies de los jueces indicando con ello que quería defenderse de la acusación mediante el combate. Si el acusado era un clérigo, inválido o una mujer, se le daba el derecho de elegir a un caballero (campeón) que le representase.

La iglesia elevó el rando del duelo a "Juicio de Dios", considerando que el resultado del mismo, era la consecuencia de la "voluntad divina". Esta forma prueba, fué perdiendo su uso con el fortalecimiento del poder real y la introducción de los tribunales judiciales.

Los torneos y justas nacen unidos a celebraciones de fiestas populares, bodas de personajes y grandes solemnidades.

Inicialmente se usaban "armas corteses" pues simulaban al armamento de combate habitual, pero carente de su potencial ofensivo (mazas sin asperezas, espadas romas y lanzas embotadas).

Servían principalmente como adiestramiento de la clase militar en tiempos de paz, aunque también para solucionar querellas de toda índole entre los nobles y sobre todo como medio de distracción de los participantes y del público asistente.

Se componian de gran número de lizas:

Bohordos. Los caballeros debían clavar sus venablos en la puerta del castillete y cada uno tiraba un numero determinado de ellos.

Estafermo. Los caballeros debían acertar con la lanza una diana que rodaba, llevando anclada una cadena y una maza que podía golpear al jinete.Debian girar al menos una vuelta entera con el golpe para puntuar.

Sortijas. Las Sortijas eran anillos que debían ser prendidas con la lanza y mantenidas en ella hasta su entrega al jurado.

Justas. El combate se realizaba entre dos caballeros, los cuales se cruzaban de frente y de manera que las lanzas lo hiciesen por el lado izquierdo de ambos. Después de varios pases, el vencedor era el que había roto más lanzas contra su adversario. Como en numerosas ocasiones se producía el choque de los caballos, lo que entrañaba un serio riesgo tanto para los jinetes como para las monturas, se procedió a separar el terreno con una valla de forma que cada jinete cabalgaba por uno de los lados de la misma.
Tras la lucha a caballo y si no terminaba con la muerte o graves heridas de un contendiente, seguía el combate a pie para lo que se utilizaban las mazas y espadas.
Otra forma de justas consistía en una lucha masiva a caballo, para la cual se dividía a los participantes en dos grupos que luchaban hasta que el maestro de armas daba la señal de detenerse.

Juego de Cañas. Fuera del concurso, este ejercicio caballeresco (que durante siglos ha sido habitual en las fiestas de España y América), enfrenta a dos equipos que se persiguen mutuamente, lanzándose cañas a la espalda. Cada vez que un caballero es tocado por la caña debe retirarse.

Paso de Armas. Otra forma de torneos consistía en un desafío que uno o varios caballeros lanzaban contra todos aquellos que quisieran retarles. Los retadores ocupaban un puente o cualquier otro lugar de paso y proclamaban que cualquier caballero que quisiese cruzarlo y fuera digno de enfrentarse a ellos debería combatir. Un ejemplo clarificador es el conocido paso de armas protagonizado por un caballero leonés, Suero de Quiñones, entre el 10 de julio y el 9 de agosto de 1434, con el propósito de honrar a la dama de la que estaba enamorado.

Cada pais organizó sus torneos sujetos a leyes propias, hasta que Godofredo de Preully en 1066 redactó un tratado que fue adoptado por Inglaterra, Alemania, Italia y España.

En un principio cada país organizaba sus propios torneos, sujetos a leyes individuales, pero posteriormente se codificó una serie de normas en varios tratados, con lo que se les daba carácter internacional.

Ricardo I Corazón de León (1157) y Eduardo I (1272) elaboraron reglamentos y estatutos para evitar el derramamiento de sangre en lo posible.

Los torneos, claro producto del feudalismo y de la caballería, solían convocarse en los alrededores de los castillos, en los cuales se habilitaba un gran óvalo cercado (palenque) en el que trascurría la liza y se construían unas gradas para el público asistente que se decoraban con elegancia y lujo, pues solían ocuparlas altos cargos de la jerarquía nobiliaria, emperadores y reyes. Para el pueblo llano se construían también gradas, pero sin la decoración y el lujo de las anteriores. Los pueblos y villas de los alrededores se engalanaban para la ocasión, pues debían ofrecer alojamiento a los ilustres participantes.

El organizador del torneo enviaba mensajeros a los diversos caballeros de las cercanías y a veces a de lugares muy alejados, con una invitación en la que se especificaban las normas que habían de seguirse. Los que aceptaban debían especificar su linaje, pues sólo los iguales podían enfrentarse en torneo. Cada uno de los participantes situaba su estandarte en el campo del torneo. Cuando todos estaban en su posición, cada cual elegía un estandarte y éste sería su contrincante en la lucha.

Los caballeros participantes en los torneos tenían como incentivo, entre otros, el conseguir renombre y fama y desde luego el conseguir el premio característico de estas fiestas, el regalo que al ganador le otorgaba la dama por la cual luchaba y que solía consistir en una prenda o joya que ésta le regalaba. Los torneos finalizaban con un gran banquete en honor de los vencedores, en el cual las damas escanciaban el vino a los victoriosos héroes. Pero las hazañas de éstos no acababan aquí, pues los trovadores cantaban sus gestas de castillo en castillo, convirtiéndoles así en personajes míticos.

Y esta mitología la incorporaron a la heráldica ante la necesidad de identificarse ante los caballeros que participaban en los encuentros, tarea dificil por el uso de yelmos y armaduras. De la misma manera que se hace hoy en día en los encuentros deportivos,los distintos contricantes que participaban en los torneos se distinguían por el uso de colores o por la elección de determinadas figuras que colocaban en el lugar más visible: banderas, estandartes, gualdrapas o el escudo.

Pese a su popularidad, los torneos también tuvieron sus detractores entre los Reyes y la Iglesia, debido al número de vidas humanas que se perdían en estos encuentros en una época en que ya las guerras, las pestes y las hambrunas diezmaban la población periodicamente.

Ya en el concilio de Puy (975) el obispo Guy de Anjou para reducir en lo posible los desastres de la guerra, establece "La Paz de Dios", conjunto de normas que obligaban a respetar a quienes se refugiaban en las iglesias y monasterios y que Guillermo el Conquistador estableció la "Tregua de Dios", un conjunto de normas creadas por Oliba, abad de Ripoll y obispo de Vic en el conciclio de Toulouges (1027) por las cuales se reglamentaba que no se podía hacer la guerra desde la tarde del miercoles hasta el alba del lunes siguiente, bajo pena de excomunión.

El papa Inocencio III en el segundo concilio de Clermont (1130) condenó estas lizas, limitándose a tratar de conseguir el juramento de los participantes de que tan sólo irían a estos festejos con el fin de adiestrarse militarmente.

Esta prohibición fué burlada celebrando los torneos en los días que no estaba prohibida la violencia, de lunes a miércoles.

Hacia finales del siglo XVI los torneos y justas cayeron en desuso, aunque de manera excepcional se siguieron produciendo, pero ya no eran más que parodias de los mismos, pues se evitaba todo riesgo para los participantes.

Los últimos se produjeron en 1883, en Barcelona, para conmemorar la subida al trono de Isabel II y poco después en Inglaterra en el castillo de Eglington.

Hoy se siguen rememorando, como atracción turística, en numerosos pueblos de toda Europa.


La Figura

Para mi quinta figura he elegido al Caballero del Dragón (ref. SG-F18 ) de la casa Andrea Miniatures.

Una armoniosa figura en 54 mm que quiere representar a un caballero del siglo XIV en torneo y que bajo el distintivo del Dragón Negro, participaba en justas en busca de fortuna y notoriedad.

Por ello, pensé que tenía que magnificar su distintivo en la gualdrapa para que fuese bien visible, así como en el escudo que traté de envejecer algo, pues era un profesional.

He usado pintura acrílica para los paños y óleo para el pelaje del caballo. También pintura al alcohol para la armadura y tintas para perfilar y envejecer. Las sombras las hice con acrílico y medium de control para darle transparencia y no tapar los motivos heráldicos.

Los colores elegidos, el negro y amarillo, generan gran contraste y resultan llamativos y serían bien visibles para el público seguidor del caballero.

La armadura la pinté con pinturas al alcohol tratando de seguir la técnica que Agustin J.Rodriguez describe en su articulo sobre ellas. Los óxidos y perfilado los hice con tinta china color sepia, rebajada con agua.

Las plumas que luce el caballo son naturales, según un sistema que me inventé.

El terreno, solo tierra y algo de hierba como es de imaginar era el palenque.

Gracias de nuevo a "mis chicas" por dejarme pintar......y espero que os guste.


 

 

 


 

© Rafael López Sanfelix. Noviembre 2003