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Breve reseña históricaEl territorio de los Grandes Lagos fue durante el siglo XVIII el escenario de un enfrentamiento real que en Europa se mantuvo latente entre Francia e Inglaterra. Las tribus locales fueron un elemento indispensable en estas guerras. Ambas potencias, como antes lo hicieron los españoles aprovecharon las rivalidades entre ellas para forjar alianzas al tiempo que asentaban áreas de influencia comercial especialmente del tráfico de pieles. Pieles que los nativos intercambiaban por armas y útiles de hierro y como no, por tener una posición de privilegio sobre las tribus del entorno. Relaciones que se mantendrían hasta la guerra de independencia de los Estados Unidos.
Aquí no he buscado representar una tribu en concreto sino más bien el espíritu y orgullo de estas naciones. La mayoría vinculados por lenguaje al gran grupo de los Algonquinos. La figuraCuando hace unos años vi esta figura en revistas y al final pude tenerla entre mis manos fue como tocar el cielo, aunque el encaje se me hacía difícil, no hay nada que las masillas no puedan rellenar. Eso sí con cuidado pues el despiece recomienda el pintado previo de varias partes. Pintado que para cada uno será distinto pues los métodos de trabajo mandan. Suelo imprimar las figuras con putty diluido y las pinturas alternan entre esmaltes, acrílicos y oleos dependiendo de las zonas a pintar y colores. Y aquí si podeis tomar la libertad de fantasear a la hora de pintar esta figura. Las referencias en Internet son varias pero opté por buscar fotos en páginas de reenactors del siglo XVII y crear un archivo fotográfico y pasar a CD por aquello de páginas que desaparecen. AmbientaciónLas dudas surgían según avanzaba el montaje, el ver el magnífico tratamiento de esta figura por Christian Petit me dio la base de la idea definitiva. La orilla de un río me daba pie para utilizar la base que trae la misma figura. Se me planteó otra cuestión: qué poner sin dejar fría la figura ni taparla por completo. Un arroyo no muy profundo con aguas calmas solucionado con agua de Woodlans Scenics y una capa de barniz cerámico sobre un lecho de piedras naturales bajadas desde el nacimiento del Pisuerga sin retocar. Pero surgió la necesidad de dar un elemento vertical que alzase la composición. Un árbol era la solución, pero a 120 mm la cosa se complica como hacer las hojas ... La solución vino de casualidad; en la tienda de manualidades donde compro algún material ví que una señora compraba flores secas y allí estaba desplegado el surtido. Flores, hojas que parecían de roble plantas de tipo tropical... Opté por un árbol joven más bien una rama daba verticalidad y al tiempo no ocultaba totalmente a la figura. Estas plantas presentan el problema de la fragilidad y su planitud. Si
estaban secas sería cuestión de hidratarlas para poderlas
manipular.
Ya tenemos unas ramas listas para pintar; veréis que mantienen sus nervaduras naturales lo que facilitará la pintura. El vástago de metal que sobresale, además de ser encastre para el árbol, dará una mejor facilidad para la pintura. Para acelerar el secado recomiendo mejor que el secador del pelo dejarlo- si es invierno encima del radiador – al aire bajo una ventana soleada o bajo una bombilla que de calorcito. Para conformar el árbol seguimos el orden natural de abajo hacia arriba disimulando las uniones con putty diluido, y rematando la pintura según se fragua la unión. El resto de vegetación son las conocidas hierbas y arbustos de fibras. Un invitado especial. Siguiendo pobremente la estela de Christian Petit decidí introducir
un invitado un camachuelo común especie que vive a las orillas
del Lago Hurón y que se extiende hasta la costa Atlantica. Su plumaje
alterna los colores rosáceos blancos y negros. Para hacerle partí
de uno de los pollitos de Tamiya pues la talla del camachuelo no es mayor
que un gorrión lo hace ideal, se le añaden las plumas caudales
y las patas. Por qué su presencia simplemente dar un aire de calma a las escena en contraste con la tensa posición del nativo.
© José Ignacio Villar. Mayo 2005
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