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En la primera colaboración intentaba aportar un poco de luz en la controvertida iconografía templaria dentro del modelismo, al tiempo que iniciaba un proceso de duda personal. ¿Era todo tan rígido como marcaba la regla? ¿Y los confreres ? Esa duda me condujo a busca nueva bibliografía regateando la presencia de publicaciones magúficas ( es decir esotéricas ). Afortunadamente llegaron a mis manos dos obras:
Estas obras además de aportar más datos históricos me acercaron algo que como miniaturista me era útil: imágenes de época, bien frescos o bien miniaturas. No todo va a ser buena suerte, las fotografías son todas en blanco y negro, por lo que se tuvo que desarrollar una labor de interpretación. A lo largo de las representaciones que he podido encontrar,
para colmo de puristas la misma cruz adquiere diferentes formas pero eso
sí siempre (y me permito esta aseveración ) roja. Su posición
en la sobrevesta, no ha de estar necesariamente centrada pudiendo lucirse
de menor tamaño sobre el lado izquierdo del pecho. Por este motivo
quisiera hacer una llamada de atención a este respecto, las representaciones
pictóricas aún siendo una referencia válida, no han
de ser tratadas como dogma de fe, y tener ciertas reservas sobre las mismas
y más en este caso en que juega la interpretación personal
del firmante en colores y composición de los mismos. Tanto caballeros, sargentos dentro de su equipo contaban con otros elementos identificativos además de la sobrevesta. Estandartes, lanzas, cascos y escudos se convierten en combate en rápidas referencias visuales. Como todo caballero o soldado a servicio del mismo lucen en ellas su escudo de armas campo en sable jefe en argén con cruz templaria en gules sobre el jefe ( parte superior en blanco la inferior en negro y cruz roja. Esto no descarta otras posibles representaciones. Para estandartes, pendones (baussant) y gallardetes en las lanzas al contrario de lo que se podría suponer los campos se disponen respecto a un eje transversal al lienzo no longitudinal. Con lo que la distribución de los colores quedarían el argén (blanco) junto al hasta y el sable (negro) hacia el exterior, en el campo blanco aparecería la cruz templaria. Pero... Si el “pero” está en alguna representación en que el gallardete es completamente blanco o lo que se supone en negro. El mismo esquema de distribución de colores es válido para las gualdrapas de las monturas, según las referencias encontradas. Es curioso como en varias de las pinturas encontramos caballeros
templarios así identificados por la presencia de la cruz del temple,
hábito blanco pero luciendo en los escudos lo que podría
ser el escudo familiar. Esta mezcla de elementos lleva a pensar que los
representados son los confreres, hermanos con unos votos temporales a
los cuales no se les exige el cumplimiento entero de la Regla y se les
permitía ciertas licencias en vestido y armas, pero que en combate
debían llevar la capa blanca con la cruz roja en lugar visible.
Siempre la cruz roja en estandartes escudos, pero como
en las pinturasde San Bevignate de Perusa en Italia y datadas en el siglo
XIII, también en los cascos, en concreto en el chapeau de fer.
O en otras pinturas en cascos cilíndricos precursores de los yelmos,
o los cónicos con protector nasal costumbre esta de pintar los
cascos ya utilizada por los normandos. Y aquí se puede entrar en
el campo de la hipótesis sobre esta costumbre bien con una función
identificativa bien como una forma de matar el brillo del metal y ocultar
al portador de ser visto por el enemigo. Llegado a este punto algunas de las representaciones nos
invitan a pensar en una representación aproximada de lo que podría
ser un confrere, al fin y al cabo un hermano con un compromiso temporal
con la Orden. Del balance de las obras vistas no se puede deducir un patrón
concreto, pudiendo existir varias combinaciones desde el vestir hábito
blanco y lucir en combate el escudo de armas familiar y este con una cruz
templaria sobre él, a llevar sólo la capa blanca y gallardete
en lanza y el resto del equipo sea el propio del caballero. Pero lo que
sí se puede deducir que nunca lucían el hábito completo
de la Orden, por ese carácter de hermano “ a medias”.
Sobre armamento creo que hay buenas publicaciones sobre el tema y no considero oportuno en redundar en el mismo, pues a lo largo de la vida de la Orden, a pesar de la rigidez de su regla, se observa que en los aspectos más pragmáticos se adapta a las corrientes de la época, como es la contratación de turcópolos, expertos en el manejo de armas y tácticas orientales y que transmitirían parte de sus conocimientos a los hermanos. Como conclusión a esta colaboración primero
agradecer al lector anónimo la lectura, y críticas que pueda
aportar. En segundo lugar pedir disculpas por jugar con la interpretación
de unas pinturas desde fotografías en blanco y negro.
En un ejercicio de libre interpretación de las pinturas he tratado de reconstruir parte del equipo de los templarios (panoplia).
© José Ignacio Villar Soto. Marzo 2002
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